Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 85
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
de precisión la cosa no se pone fea, sino dramática. Un solo fallo posicional
del cigüeñal o del árbol de leva y se van al traste todas las rutas del
conductor futuro, de ahí el necesario mérito que se le debe reconocer al
organizador de ese monumental tinglado que es una orquesta, donde las
piezas han de ir imbricadas como si fueran una sola, como si uno hubiera de
levantar el capó del motor y preguntarse extrañado al ver una única pieza:
«¿Y dónde están todas las demás?». La mayor parte de los directores se
enfrentan a las obras musicales con el auxilio de una partitura sobre el atril;
es como un misal cuya oración estuvieran formulando los de enfrente, los
verdaderos fieles, a golpe de arco o de diafragma. Piénsese que a lo largo de
una ópera son cientos las entradas que se dan y otras tantas las que se
quitan, cientos los acentos que se han de matizar, las frases que se han de
resaltar, así que quítenles la calculadora a estos matemáticos y ya me dirán
cómo resuelven con los dedos multiplicaciones de diez cifras.
El psicólogo vienés Alfred Adler dijo que todo podía ser de otra manera.
Algunos directores de orquesta también.
Quien más alto lo dijo fue Arturo Toscanini, el italiano revolucionario del atril,
que lo utilizaba tan sólo para estrellar allí las batutas y no sus ojos. El
colérico director tiraba de memoria para todo, y cuando notaba los primeros
signos de cansancio tras toda una jornada dirigiendo era la memoria la que
tiraba de él. Su cabeza era una especie de nave de almacenaje con sus
estanterías y referencias para buscar en ellas el producto deseado y meterlo
de un golpe en el carrito de la orquesta. Un contrabajista que llegó a
conocerle bien por tocar en numerosas ocasiones bajo su dirección contaba
asombrado cómo minutos antes de iniciar un concierto le dijo que se le había
roto el mi bemol del instrumento y que ante esa inconveniencia lo mejor era
no salir al escenario. Toscanini le dijo que esperase; se concentró
enérgicamente cerrando los ojos y, una vez repasada toda la partitura, le
tranquilizó: «No se preocupe; no hay un solo mi bemol en toda la pieza».
Empezó su carrera como violonchelista y su puente hacia la dirección
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Preparado por Patricio Barros