Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 86
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
orquestal es uno de los más cortos que se recuerdan en la historia de la
música. Su primera salida de Italia fue a los diecinueve años, rumbo a Río de
Janeiro para interpretar Aida, pero una baja de última hora dejó sin director
a la orquesta del Regio de Parma. Corría un 30 de junio de 1886 y el fracaso
estaba servido, pero aquel joven que amaba a Verdi por encima de todas las
cosas y de todos los miedos levantó la mano y dijo: «Yo puedo remediarlo».
Días después el público rompía a reír alborozado cuando vio salir a escena a
un muchacho más parecido a un pinche de la cafetería que a otra cosa, pero
se calló cuando el chaval dio la entrada a la orquesta sin abrir libreto alguno.
En el trayecto transoceánico se había aprendido la ópera de memoria. Tres
horas después la ovación era de las más monumentales que se recuerdan. La
gente chillaba y lloraba por intentar alcanzarlo en el escenario, incluso
algunos grupos le esperaron a la salida del teatro y trataron de llevarlo a
hombros al hotel. Cuando llegó a su habitación miró con tristeza el chelo. De
buenas a primeras se había convertido en director, un director que cargaba
conscientemente el arma con el suficiente retroceso para dañarse cuando se
equivocaba al dañar al de enfrente. El perfeccionismo fue su cruz. Dirigiendo
(de memoria, cómo no) Debora e Jaele, de Pizzetti, cortó a un clarinetista
preguntándole por qué demonios entraba medio compás antes de lo que
indicaba la partitura. Alguien se le acercó y Toscanini comprobó aterrado que
la entrada había sido correcta, dejó la batuta sobre el atril y se echó a llorar
repitiendo en voz alta: «¡Estoy viejo, estoy viejo!». Stravinski hablaba así de
aquel mago: «Tiene una memoria prodigiosa, no se le escapa ni un solo
detalle y basta asistir a uno de sus ensayos para darse cuenta de ello». A un
hombre así lo mejor era seguirle la corriente sináptica y no ponerle a prueba
de forma un tanto gratuita. A Toscanini no era conveniente tratarle como a
un mono de feria, salvo que esa feria fuera la de las vanidades. Cuando
siendo joven estudiaba en el Conservatorio de Parma y fue puesta en tela de
juicio su memoria se sentó en un pupitre y escribió de memoria no
precisamente el nombre de los veinte hijos de Johann Sebastian Bach, sino
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Preparado por Patricio Barros