Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 79

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron Conservatorio de San Petersburgo, como tampoco en la orla del hall de la entrada. Sin embargo, si era admirado por algo era por una memoria a prueba de cualquier fuego que el paso del tiempo o del alcohol pretendieran deteriorar. De joven solía ir a casa del compositor Serguéi Taneyev, en San Petersburgo, nueve años mayor que él. La presentación que Taneyev hizo en petit sociéte de su protegido fue harto peculiar. Lo escondió en una habitación, después tocó para sus invitados su nueva sinfonía y, tras ser calurosamente felicitado, Taneyev se libró de los abrazos recomendando su reserva para el joven talento que apareció tras la puerta a un chasquido de sus dedos. La orden fue tajante: «Sasha, muestra mi sinfonía a nuestros invitados». Y Sasha la tocó de principio a fin sin auxilio de partitura alguna. Sólo la había escuchado en aquella ocasión. El propio Shostakovich adulaba a aquel hombre como si hubiera llegado de otro planeta, ya que «realmente recordaba cuántas veces y exactamente dónde un estudiante determinado había cometido faltas en un examen. Y este examen podía haber tenido lugar tres o cuatro años antes». Las adulaciones de Shostakovich no se quedaban ahí; tenía fijación por los campeones del hemisferio cerebral derecho y contaba a su biógrafo Volkov cómo le estimulaba recordar la memoria de Músorgski: «Memorizaba las óperas de Wagner a la primera audición. Podía tocar la escena de Wotan de memoria después de haber escuchado Sigfrido una sola vez». Sin duda esta información le fue transmitida por el enlace de un tercero, ya que cuando nació Shostakovich en 1905 el autor de Boris Godunov llevaba veinticinco años muerto. Pero no sólo era Músorgski el que hacía gala de memoria en el llamado Grupo de los Cinco. También el déspota Balakirev comprimía en la yema de los dedos las piezas como si en lugar de huellas digitales lo que allí hubiera fueran los pliegues de diez minúsculos cerebros. Hablando Rimski-Korsakov de Balakirev en su Autobiografía afirmaba que «lo sabía todo de memoria e inmediatamente se acordaba de las obras que le daban a escuchar». Aptitud bien rara en quien hizo del 79 Preparado por Patricio Barros