Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Página 78
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
el pianista, entre extrañado y vanidoso, confesó igualmente haberse
aprendido el Concierto para piano nº 1 de Liszt en tres días para poder
tocarlo con la orquesta de Berna: «Me entusiasmé con esta obra tan bella y
de tan magistral factura, al punto de aprendérmela de memoria en menos de
tres días. Como de costumbre, no practiqué más de tres horas diarias». Algo
similar hizo un ya no tan joven Claudio Arrau en 1934, con treinta y un años,
cuando tuvo que memorizar en dos semanas a razón de catorce horas diarias
el Concierto para piano nº 3 de Prokófiev y el Concierto para piano e
instrumentos de viento de Stravinski. Creo que sólo hay una cosa que
obligue más que la nobleza, y es el talento.
Aquí hemos de invocar nuevamente a Joseph Hoffmann. Con un profesor
como Anton Rubinstein en su palmarés no era de extrañar que la memoria
fuera la biela central de toda su carrocería. Con dieciocho años ya era un
pianista mundialmente famoso, pero también un juguete al que cada día se
podía aplicar algo muy preciado para Benjamin Britten, the turn of the screw,
otra vuelta de tuerca. Así fue como un día Rubinstein giró el mecanismo
sobre su Concierto en re menor, obligando a Hoffmann a memorizarlo para
tocarlo dos días después en una velada en Hamburgo. El alumno protestó
pero de nada le sirvió, y en el lugar convenido a la hora convenida ejecutaba
los primeros acordes con su malévolo profesor dirigiendo en la tarima. Ya, ya
lo sé: ¡pobre hazaña, pensarán los lectores conmigo!, dado que ése es el
concierto que el otro Rubinstein (Arthur) se había aprendido en el espacio
que iba del vermú a los aperitivos.
De Glazunov hablaremos a lo largo de este libro en diferentes capítulos,
porque la sombra del personaje era alargada, y las ramificaciones de su
personalidad tan profusas como complejas. Como compositor fue un ejemplo
más que pasable, aunque sin rayar la eminencia, pero como profesor se
perfiló como un desastre; su vapuleo de las reglas didácticas convencionales,
sus cabezaditas en mitad de la clase y su plácida afición a la bebida no le
hacían
tributario
de
un
hueco
en
78
la
prórroga
presupuestaria
del
Preparado por Patricio Barros