Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 77
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
visto ni pensado en ellas desde hace dos años y medio, cuando las interpretó
en Libau en abril de 1907, y las tocó de principio a fin sin vacilar. Asusta».
Sólo cinco años después un violinista acometía una gesta más que notable
cuando ofreció a los estadounidenses treinta y dos conciertos en treinta y un
días, todos de memoria; y es que Fritz Kreisler, al igual que su amigo íntimo
Rachmaninov, una vez que aprendía una obra ya no la olvidaba jamás.
Estando en una ocasión de gira por Tokio le pidieron que interpretara un
amplio grupo de sonatas para violín y piano aparcadas en su cabeza desde
hacía años. Aun así tan sólo necesitó un ensayo para rememorarlas. Ante el
pasmo de su acompañante, Michael Raucheisen, subió a escena «y tocó las
sonatas, que no figuraban en su repertorio desde hacía muchos años, de
memoria, sin cometer ningún error».
Aquí te pillo, aquí te mato
Tal podría ser el lema de aquellos intérpretes que cogían la partitura en una
mano y el cronómetro en la otra. Unas veloces lecturas a primera vista de los
compases y… ¡clic al cronómetro! En cuanto a la partitura, papel mojado, y
no precisamente por el sudor del esfuerzo. Sería una deshonra empezar esta
especie de bestiario sin referenciar a Arthur Rubinstein. El límite de edad
para presentarse al Concurso Anton Rubinstein de piano en San Petersburgo
eran veinticinco años. En 1910 Arthur tenía veintitrés y sus amigos le
convencieron para participar, a pesar de las escasas dos semanas que
quedaban para el inicio de las sesiones. Dado que conocían al personaje
como nadie la mejor forma de asegurar su constancia fue encerrándolo bajo
llave en una habitación a fin de preparar sin distracciones el Concierto en Re
menor de Anton Rubinstein, pieza de obligada ejecución, retándole a
aprenderse el primer movimiento antes del almuerzo. Pero Rubinstein hizo
gala de su proverbial desobediencia porque «a eso de las dos de la tarde ya
me sabía de memoria dos movimientos y había empezado el tercero»,
cuenta ufano en Mis años de juventud. En la segunda parte de sus memorias
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Preparado por Patricio Barros