Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 76

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron Guerrero se sintió ofendido, así que en un arranque de mal humor se acercó al piano y en lugar de golpear el esquivo si bemol como había hecho Anton Rubinstein en Berlín, interpretó de un tirón todo el primer acto a pesar de llevar décadas sin ver la partitura. Otra de sus alumnas, Sylvia Günther, contaba cómo preparando en su clase el Concierto para piano de Kachaturián debía Guerrero encargarse de la reducción orquestal en un segundo piano, y no siendo capaz de encontrar la partitura pudo tocar toda su parte de memoria, a pesar de no reparar en aquella pieza desde hacía largos años. Guerrero hablaba un sinfín de idiomas, entre ellos el esperanto, y además era un entusiasta de las galletas saladas. Personalmente no me hubiera sentido cómodo a su lado en una cena de sociedad… Otro monstruoso ejemplar de este bestiario era Franz Liszt. La pianista Amy Fay, nacida en Louisiana en 1844, rememora una escena en la que a Liszt le invitaron a tocar una pieza de Hertz, lenta pero de difícil hechura. Esto ocurría en la década de los setenta y hacía cuarenta años que el húngaro no la interpretaba, pero se sentó al teclado y dejó con un palmo a los presentes al tocarla de corrido. Ya muchos años antes había cometido la gesta de memorizarse en una semana los Estudios Op. 10 de su amigo Chopin, como tributo por figurar como dedicatario en su portada. Dotado de una memoria portentosa también lo estaba el pianista polaco Joseph Hoffmann. Cuando se despertaba por las mañanas había dos cosas que jamás olvidaba: toda la música que había aprendido sin excepción hasta entonces y… lo hermosas que eran todas las mujeres, también sin excepción. Con treinta y cinco años asumió la gesta de dar veintiún conciertos consecutivos en San Petersburgo sin repetir una sola pieza, tocando 255 diferentes. Ya dos años antes había dado una gira por Rusia acompañado por su maravillada esposa, fiel fedataria de unas capacidades a las que no acababa de acostumbrarse. Así lo registró en su Diario: «Jef hizo, en verdad, algo maravilloso. No sabía lo que tendría que tocar y arqueó las cejas cuando vio a Brahms (las Variaciones Händel) en el programa. No las ha tocado, 76 Preparado por Patricio Barros