Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Seite 67
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
siguió aquella misma ruta cuando confesó a la pianista Marguerite Long:
«Detesto los conciertos de Mozart, pero menos que los de Beethoven».
Sin ir más lejos, para un purista como Beethoven los oyentes no debían
congraciarse con el estilo interpretativo o con la personalidad más o menos
épica del intérprete, sino con el tejido y la sustancia de la música en sí, a
riesgo de caer en el filisteísmo. Conclusión: al público debía prohibírsele la
expresión de las emociones, ello por estar en relación inversamente
proporcional al entendimiento del objeto, hasta el punto de que la
desobediencia de esta regla era recibida por él como un insulto. Debemos
fiarnos del testimonio de Carl Czerny, a la postre el más eximio alumno de
Beethoven, cuando finalizadas sus improvisaciones pianísticas «rompía en
sonoras risas y se burlaba de sus oyentes a causa del sentimiento que había
provocado en ellos: “¡Tontos! —les gritaba—. ¿Quién puede vivir con estos
niños malcriados?”».
La guerra, un cruel borrón en el mapa biográfico
A algunos la humillación les llegó en plena guerra: anquilosó dedos, marchitó
neuronas, adhirió pólipos en muchas gargantas, colocó paletas de albañil en
manos que antes empuñaban arcos y arrancó a muchos de las banquetas de
piano para incrustarlos en lugares tan poco propicios como asientos de
ambulancias, de ferrocarriles en plena fuga o directamente en reclinatorios
de iglesias, incapaces de más música que la de la oración para sacudirse el
vértigo de la esterilidad creadora. De esta suerte negra comulgó Anton
Webern, llamado a filas en abril de 1944 (a la edad tan poco propicia de 61
años), quien dejaba destilar toda su humillación en una carta a su amigo
Hildegard Jones:
He
sido
movilizado:
policía
de
protección
aérea.
Estoy
acuartelado, no tengo autorización para vivir en mi casa y me
han arrancado brutalmente de mi trabajo. ¡Y, naturalmente,
de uniforme! Desde las seis de la mañana hasta las cinco de la
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Preparado por Patricio Barros