Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 65
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
nos recuerda que el perezoso compositor nunca llegó a materializar su
intención de elaborar un tratado de interpretación, siendo capaz tan sólo de
bosquejar unas notas a modo de preámbulo: doce folios en total, adquiridos
por Cortot en Londres, en 1936, a razón de una fortuna por folio
seguramente. La decepción debió de ser notable para él cuando, leídos los
apuntes, comprobó que la mitad de lo que había comprado eran faltas de
ortografía. En sus Aspectos se limitó a decir respetuosamente que estaba
escrito «en un francés muy discutible».
También Arthur Rubinstein supo aprovecharse de que Manuel de Falla
llevaba veintiún años muerto cuando en una entrevista concedida en España
a sus ochenta años confesó al periodista que el propio don Manuel le había
desvelado en un cabaret que el tema central de El amor brujo se lo había
tarareado Pastora Imperio, la cual a su vez se lo había oído canturrear por
casa a su madre y a su abuela.
La ley del karma retribuía con equidad al legislado, que somos todos, incluido
Debussy, por supuesto, azote de no pocos alumnos y musiquillos de la
época; así es como el siempre envidioso Camille Saint-Saëns, siendo director
del Instituto de Música de París, cargo que había codiciado durante años, se
ocupó diligentemente de que el autor del Preludio a la siesta de un fauno,
cuya música aborrecía, durmiera de por vida el sueño de los justos y jamás
fuera aceptado como miembro de la institución; incluso años después
confesó a un amigo que si existía un motivo por el que había permanecido
definitivamente en París era puramente sentimental: para hablar mal de
Pelléas et Mélisande, una de las obras más complejas de Debussy por su
mecánica parlante y excesiva atonalidad.
Toscanini se quedó un día tremendamente pensativo ante una partitura que
posiblemente estaba confundiendo con un queso gruyere, por todas las vías
de agua que presentaba. Se la había entregado en mano el editor Giulio
Ricordi, autor de la música, para obtener del gran maestro su aprobación
cuando este era director musical de la Scala de Milán. Disculpándose de
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Preparado por Patricio Barros