Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | страница 62

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron corrientes de aire, estaba Manuel de Falla, quien viviendo en Mallorca aprovechaba su media hora de aseo matinal en repasar idiomas, especialmente el latín y el catalán. Ese tranvía llamado sinceridad Pero dejemos ya los desentendimientos de la lengua y volvamos a los entendimientos en el desamor, ese estado natural del músico pagado sobradamente de sí mismo para no tener que deber ninguna cuenta de las ajenas. El mundo musical, hasta su desintegración a mitad del siglo XX, tal como era conocido desde los tiempos del Barroco, siempre fue un semillero de discordias, envidias, competitividades y humillaciones. Unos no soportaban ir a la zaga de los otros, los otros no toleraban el éxito de los unos, y los unos y los otros se enzarzaban en descalificaciones que por lo general sólo perseguían una suerte de altavocía para proclamar a los cuatro vientos (y a veces más de cuatro) quién era quién en el complejo Parnaso del panorama musical. Se miraban con lupa unos a otros cuando se trataba de detectar y proclamar el más leve defecto de ejecución o de composición, y si un rayo de sol podía colarse a través de la lente durante un rato prolongado mucho mejor, porque no se trataba de descalificar al contrincante, sino de abrasarlo, de abrazarlo con la peor voluntad y devolverlo irreconocible al mundo. En el deporte de la rivalidad la envidia provocaba más desgarros musculares y roturas fibrilares que ninguna otra prueba de resistencia. Por lo general se guardaban las formas, pero las procesiones, con todos sus cirios y cilicios, iban por dentro, sosteniendo y haciendo cimbrear peligrosamente el palio de la música. Muchos notables artistas murieron de fiebres, otros muchos de tuberculosis, muchos más de infecciones, pero, en el fondo, todos ellos se murieron del mismo denominador común, aquella corrosiva osteoporosis instalada en la víscera más sensible: la del amor propio. En el fondo todos, todos, llevaban el de Narciso como segundo nombre. 62 Preparado por Patricio Barros