Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 59
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
milagro de la subsistencia tal como lo había dejado apostillado papá Haydn.
Cuenta en sus Memorias que tras su gira por Rusia fue invitado a una
recepción del rey de Prusia, quien se interesó por saber si había aprendido
algo de ruso. Berlioz le contestó que se daba por satisfecho tras dominar
expresiones como na prava, na leva, o sea, ‘a la derecha’ y ‘a la izquierda’,
muy oportunas para dirigir al conductor del trineo en el país de los hielos.
Añadió que también había aprendido a decir dourack cuando el conductor se
extraviaba. «¿Qué quiere decir dourack?», se interesó el rey. El compositor
respondió con fidelidad al original: «Quiere decir imbécil, majestad».
Brahms no salió de Alemania prácticamente en su vida, desmotivado como
estaba por el desconocimiento de idiomas, una desmotivación que el joven
Richard Strauss usó para censurar la decisión de los viejos de emplear más
su tiempo en vigilar la tensión arterial que en aprender nuevas lenguas. Al
menos eso suponemos cuando envió dedicado el manuscrito de su pésima
ópera Guntram a un anciano Verdi de ochenta y dos años, quien se lo
devolvió acompañándolo de una nota en la que lamentaba desconocer el
alemán, «no para emitir un juicio —aclaró—, sino para admirarlo y disfrutar
con usted».
No se terminan ahí los binomios de humillación idiomática. Uno más cercano
a nosotros en el tiempo fue el que encarnaron Bruno Walter y Shostakovich
cuando se conocieron en Berlín. El segundo tenía dieciocho años y acaba de
alumbrar su exitosa Primera sinfonía, que Walter tenía previsto dirigir. Sin
embargo pronto vieron, un tanto alarmados, que la breva musical la
compartían de dientes hacia dentro, porque de ahí hacia afuera se
mostraban incapaces de entenderse. Uno no sabía alemán y el otro no sabía
ruso, e incluso en un terreno neutral como el inglés no pasaban de
transaccionar con algún monosílabo aislado, de manera que todo se
solucionó cuando en un arranque de desesperación Shostakovich se sentó al
piano y tocó a Walter la reducción de su sinfonía para que el director la
siguiera con la partitura abierta; así pues suponemos que las interjecciones
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Preparado por Patricio Barros