Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 56

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron descarnada expresión de la indiferencia. El piano del siglo XIX tuvo en Moscheles a uno de sus hijos más prestigiosos, sólo que lo recomendable, incluso para un virtuoso como él, era imponer a sus anfitriones la contratación de rivales de más baja estofa, a riesgo de saltar de crónica en crónica como un segundón. Por ejemplo, si a uno le contrataban para tocar en la corte de Saint-Cloud y no se contaba con el talento suficiente lo mejor era pretextar un dolor de cabeza. A Moscheles le sobraban talento y cabeza, pero le pusieron como doloroso compañero de viaje a Chopin y el concierto que dieron en febrero de 1838, donde entre otras cosas se tocó una sonata a cuatro manos del propio Moscheles, se resolvió con una suerte dispar: el rey agasajó a Chopin con una copa de plata dorada; a Moscheles… ¡con un neceser de viaje! Quizá era la forma más sutil de pedirle que se fuera por donde había llegado. Parecida impotencia sintió el compositor checo Tomásek, pero no por no saber, sino por lo mucho que sabían otros, o, mejor dicho, el Otro. Cuando oyó tocar a Beethoven en Praga sintió un colapso de todo su organismo y, por extensión, de un piano repentinamente pinchado como un globo: «El sorprendente modo de tocar de Beethoven, tan adecuado a la ardorosa entrega de su improvisación, me llegó al corazón de manera totalmente insólita. Me sentí tan profundamente humillado en mi más íntimo ser que no pude tocar el piano durante varios días». No había cosa hecha o deshecha por Debussy que su incondicional admirador Satie no se llevara esa noche a su solitaria cama como una conquista poco menos que existencial, y es que el complaciente Erik le obedecía en todo, incluso cuando Claude no le pedía nada. En cierta ocasión el maestro reprendió al alumno aduciendo que en su arte había cierta escasez de forma. Satie, lejos de enfadarse, entendió a la perfección lo que Dios quería transmitirle, y como se trataba de rezarle al pie de la letra se encerró en su casa por unos días para componer unas piezas que tituló Morceaux en forme de poire, o sea, «trozos en forma de pera». 56 Preparado por Patricio Barros