Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 55

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron su ópera Das Lebesverbot (La prohibición de amar), de la que sólo aceptaba su obertura, pero en cuanto al resto la juzgaba «horrible», a excepción del Salve regina coeli. Richard Strauss también fue otro ser doliente en el viacrucis que llevaba desde la doble barra final de la partitura hasta los titulares periodísticos que tanto necesitaba al día siguiente de sus estrenos. El sonoro fracaso de su primera ópera, Guntram, alcanzó tales proporciones que colocó una lápida en el patio trasero de su casa donde podía leerse: «Aquí yace el venerable, a la par que virtuoso y joven, Guntram, que fue horriblemente asesinado por la orquesta sinfónica de su propio padre. ¡Descanse en paz!». No corrió mejor suerte su Primera sinfonía, escrita a los diecisiete años, que se vio inmediatamente estrenada sin pena ni gloria, hasta el punto de suplicar a su padre Franz, también músico, que no enviara la partitura a nadie y la sepultara en el desván de casa. ¿Haciendo trampas en el solitario? En otros casos los arranques de destrucción no provenían de la incompetencia, sino de algo actualmente muy de moda: ¡la intertextualidad!, o sea, la apropiación más o menos fortuita de textos ajenos con el resultado de un plagio aparente. Ebner, amigo de Schubert, revela en sus Recuerdos cómo al concluir este su lied Die Forelle (La trucha, D. 550) lo ensayó en público y fue severamente reprendido por haber tomado ideas de la Obertura Coriolano de Beethoven, dada su semejanza en una concreta parte del acompañamiento del lied, de manera que cuando el autor constató después personalmente aquella fatalidad quiso destruir el lied, algo que sus amigos impidieron con no poco esfuerzo. Pajes y caballeros Para el común de los músicos, atacados de común soberbia, no había peor humillación que la de concluir una interpretación y no ver erigido un arco de triunfo de platea a platea, sino un oleaje de cejas enarcadas, la más 55 Preparado por Patricio Barros