Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 505

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron un verdadero culturista de la inspiración; sacaba músculo incluso en las condiciones más adversas. Cuando hacía calor llenaba de agua fría la bañera y metido en ella remataba cualquier opus que tuviera en estado gestante. Lo que ocurre es que alcanzar el grado de abstracción propicio tenía sus inconvenientes. Cuenta Alma Mahler en sus Recuerdos cómo la madre del compositor Hans Rott, alumno de Bruckner, fue a casa de este para conocer de primera mano los verdaderos progresos de su hijo. El compositor salió del baño completamente desnudo tendiendo la mano a la mujer, que huyó espantada y dispuesta a creer cuanto su hijo le dijera sin necesidad de comprobaciones. Tictac… tic, tic Los tics estaban también presentes en algunos de nuestros músicos, hasta el punto de manejar dos metrónomos en sus vidas. Uno siempre estaba sobre su mesa de trabajo; el otro haciéndoles la pascua en el interior del cuerpo. Las piernas de Gustav Mahler dieron en su época más que hablar que las de ciertos futbolistas o modelos de élite de nuestro tiempo, créanme. El violinista Carl Flesch, quien tocó muy a menudo para Herr Direktor, atestiguó que «era sumamente neurótico. Un molesto tic le hacía agitar reiteradamente su pierna derecha como una marioneta, incluso cuando se encontraba distendido». Alfred Roller también caminó mucho detrás de su amigo Gustav como para que no concedamos credibilidad a esto que terminó narrando: «Persistió durante toda su vida una crispación involuntaria en su pierna derecha. Aunque nunca me lo mencionó pude notar que se sentía bastante avergonzado. Mientras caminaba se advertía que cada tres pasos algo se desviaba del ritmo regular. Aun cuando se encontraba parado un pie golpeaba ligeramente el suelo, como si diera patadas». El director Otto Klemperer también sacó su radiografía particular: «Su andar era espasmódico. Cada poco se detenía abruptamente y parecía tener un pie ortopédico». Mahler era consciente de esta disfunción y nunca dejó de 505 Preparado por Patricio Barros