Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | страница 503
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
expulsaban por la boca como regalo al patio de butacas. Con gusto Pablo
Casals hubiera ordenado desalojar la sala del Teatro de la Monnaie, en
Bruselas, para ofrecer aquel concierto en condiciones, harto de las toses
llegadas no sólo del público, sino también del mismísimo director orquestal.
Así fue como, arreciando las toses al inicio de la segunda parte, el chelista
hizo de su capa un sayo, detuvo el concierto y se dirigió al público con estas
palabras: «Yo también estoy resfriado y tengo ganas de toser. Pero me
abstengo por respeto a Bach y a ustedes. Les ruego que, por respeto a Bach
y a mí, tampoco tosan ustedes». Hubo una ovación y esta fue lo único que se
oyó hasta el acorde final, además de al respetado Bach.
El director Otto Klemperer poseía un rasgo maniaco depresivo sobre el cual
ya alertó Georg Solti en sus Memorias, con las consecuencias que de ello se
desprendían una vez enfrentado de espaldas al público. Habiendo asistido
Solti a la representación de Fígaro en la Ópera del Estado de Budapest, de la
que Klemperer era titular, recordaba cómo cuando el público tosía o hacía el
más leve ruido se daba la vuelta y gritaba «Schweigen Sie!», o sea
‘¡Cállense!’. El propio Solti aborrecía las toses y los aclarados de garganta en
los pasajes más suaves de las obras, tratados sin ningún respeto, como un
tuteo de esputo a esputo, una prescindible transición a algo más grandioso.
En una ocasión detuvo la obra, se volvió al público y dijo: «Si supieran
ustedes el tiempo que hemos dedicado a este pianissimo controlarían sus
toses». El pianista Charles Rosen aborrecía a los espectadores que se
sentaban en las primeras filas con la partitura entra las manos y seguían el
recital pasando las páginas como si aquello fuera un tumultuoso maratón de
lectura del Quijote. Aparte del ruido que ello producía provocaba en él una
desconcentración bien justificada al no coincidir usualmente el paso de
página en la edición que manejaba el espectador y la edición que él había
consultado, de manera que, o bien especulaba sobre la edición que tenía el
espectador, o bien se temía haber sufrido un lapsus de memoria. La solución
final no pudo ser otra: «En dos ocasiones he parado una interpretación entre
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Preparado por Patricio Barros