Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Página 502

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron escénica de lo que él mismo tenía en su cabeza. Cuando se estrenó Otello en 1886 el propio compositor eligió a Francesco Tamagno para el papel principal, y menos a cantar le enseñó a todo lo demás, incluso a apuñalarse, rodando el propio Verdi hasta la parte exterior del entarimado con una agilidad impropia de un señor ya de setenta y cuatro años. Ciertamente meditación trascendental parecía ser lo que hacía Nijinski en Saint Moritz justo antes de bailar Las sílfides, el ballet de Chopin, ante unas doscientas personas y con acompañamiento de piano. Todo apuntaba a que el ruso iba a arrancarse a cabriolas, pero en lugar de eso cogió una silla, se sentó y se quedó mirando fijamente a los espectadores durante una media hora. El pianista, ya cansado, osó tocar algunos secos acordes para despertarle, e incluso su esposa se le acercó para menearle, pero aquello no hizo sino molestar a Nijinski, que la apartó con una explicación muy poco comercial: «¿Cómo te atreves a molestarme? Yo no soy una máquina. Bailaré cuando me venga en gana». En realidad la demencia de Nijinski no había hecho más que comenzar, siendo precisamente en Saint Moritz donde avisaron a su esposa de que el bailarín se estaba paseando por el pueblo con una gran cruz de oro prendida en la corbata y deteniendo a los viandantes para saber si habían ido a misa, emplazándoles a la iglesia si la respuesta era negativa. Su mujer ya no se opuso entonces al deseo expresado por el bailarín meses antes respecto a abandonar el baile y regresar a Rusia para dedicarse a la agricultura, a lo que ella había respondido sacándose la alianza del anular y tirándosela a la cabeza para suplir con ella el tornillo que le faltaba. Nijinski ni siquiera había cumplido los treinta años cuando se retiró de los escenarios. Silencio, se toca No, no se trata de ningún cartel colocado en el proscenio de los teatros, pero sí la imposición que algunos músicos exhibían ante el público como condición para seguir adelante con el concierto. Las toses, los ruidos y los siseos eran sólo una bocanada de aire fresco para avivar el fuego que algunos 502 Preparado por Patricio Barros