Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 501

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron Satie era un sujeto muy celoso de su intimidad, hasta el punto de que en 1898, habiéndose quedado sin blanca, hubo de alquilar una habitación en Arcueil-Cachan, un distrito obrero situado a diez kilómetros del centro de París, donde jamás nadie puso los ojos hasta su muerte. Por lo general iba y volvía a pie de París cada día. Su amigo George Auriol contaba cómo a veces el regreso tenía lugar de madrugada, de manera que el compositor iba armado con un martillo para defenderse de posibles agresiones. Meditación trascendental Eso es lo que parecían practicar algunos cuando se concentraban en hallar el sonido más fiable del instrumento que tenían entre manos. Johann Sebastian Bach estaba obsesionado con la armonía, hasta el punto de que aquellas teclas que no podía alcanzar con las manos o los pies las pulsaba «mediante un palito que mantenía en la boca», como comenta Charles Burney en A general history of music (1789). Paderewski era un maniático del sonido del piano, pensándolo y repensándolo mil y una veces antes de escoger uno para sus conciertos. Cierto día de 1927 (66 años) debió de llegar muy descansado a las 16:00 horas a las instalaciones de Steinway, donde había quedado a las 11:00 con Alexander Greiner, gerente del departamento de conciertos y artistas de la casa. Debía probar varios pianos antes de una gira y lo hizo con seis, pero no tocando algunas escalas en cada uno, qué va, sino los Estudios sinfónicos completos de Schumann en todos ellos. También Vladimir Horowitz era un obseso del sonido y de esa gran enemiga a dominar que era la acústica de las salas. El 7 de enero de 1965 (61 años) pisó el escenario del Carnegie Hall con motivo de una grabación, pero antes se pasó toda una hora haciendo desplazar el piano por mil y una posiciones hasta encontrar la localización exacta de la piedra filosofal, de los tres centímetros cuadrados filosofales, uno por cada pata, siendo esa posición la que ha quedado petrificada para siempre en ese templo del arte. También Verdi lo daba todo cuando se mezclaba entre los cantantes, buscando la perfecta traducción 501 Preparado por Patricio Barros