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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
Satie era un sujeto muy celoso de su intimidad, hasta el punto de que en
1898, habiéndose quedado sin blanca, hubo de alquilar una habitación en
Arcueil-Cachan, un distrito obrero situado a diez kilómetros del centro de
París, donde jamás nadie puso los ojos hasta su muerte. Por lo general iba y
volvía a pie de París cada día. Su amigo George Auriol contaba cómo a veces
el regreso tenía lugar de madrugada, de manera que el compositor iba
armado con un martillo para defenderse de posibles agresiones.
Meditación trascendental
Eso es lo que parecían practicar algunos cuando se concentraban en hallar el
sonido más fiable del instrumento que tenían entre manos. Johann Sebastian
Bach estaba obsesionado con la armonía, hasta el punto de que aquellas
teclas que no podía alcanzar con las manos o los pies las pulsaba «mediante
un palito que mantenía en la boca», como comenta Charles Burney en A
general history of music (1789). Paderewski era un maniático del sonido del
piano, pensándolo y repensándolo mil y una veces antes de escoger uno para
sus conciertos. Cierto día de 1927 (66 años) debió de llegar muy descansado
a las 16:00 horas a las instalaciones de Steinway, donde había quedado a las
11:00 con Alexander Greiner, gerente del departamento de conciertos y
artistas de la casa. Debía probar varios pianos antes de una gira y lo hizo
con seis, pero no tocando algunas escalas en cada uno, qué va, sino los
Estudios sinfónicos completos de Schumann en todos ellos. También Vladimir
Horowitz era un obseso del sonido y de esa gran enemiga a dominar que era
la acústica de las salas. El 7 de enero de 1965 (61 años) pisó el escenario del
Carnegie Hall con motivo de una grabación, pero antes se pasó toda una
hora haciendo desplazar el piano por mil y una posiciones hasta encontrar la
localización exacta de la piedra filosofal, de los tres centímetros cuadrados
filosofales, uno por cada pata, siendo esa posición la que ha quedado
petrificada para siempre en ese templo del arte. También Verdi lo daba todo
cuando se mezclaba entre los cantantes, buscando la perfecta traducción
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Preparado por Patricio Barros