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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
Satie poseía tal colección de trajes que podía llegar a cambiarse más veces
que una vedette en el escenario de una fiesta de pueblo. El pintor Francis
Jourdain, que conoció al músico hacia 1895 (28 años), hablaba de él
calificándolo de dandi y decía sentirse impactado por sus originales cambios
de vestuario. Cuando un día Jourdain le pidió que le acompañara al ensayo
general de un melodrama no creyó el músico estar vestido para la ocasión,
así que hubo de subir a su casa a cambiarse el abrigo, el sombrero y los
zapatos de terciopelo, pero… «volvió con un traje y un sobretodo idénticos a
los que acababa de reemplazar —se asombró el pintor—, sólo que el
terciopelo estaba apenas en mejores condiciones».
Había pianistas obsesionados por tener siempre un teclado bajo los dedos,
ya fuera para componer, ya para refrescar las interpretaciones de sus
próximos conciertos. Al igual que el judío Shylock en El mercader de Venecia
aquellos no habrían dudado en cortar de su propio cuerpo una libra de carne
para hacerse con las ochenta y ocho teclas en cualquier rincón del mundo.
Adolf von Henselt estaba obsesionado con practicar, haciéndolo por lo
general diez horas diarias; incluso tenía un teclado mudo que ponía sobre
sus rodillas en los descansos de sus conciertos, como también en los trenes y
en las diligencias. El escritor Wilhelm von Lenz cuenta que en una visita que
le hizo en su casa de San Petersburgo se lo encontró tocando el instrumento
amortiguado con cañones de plumas para proteger sus oídos y sus nervios, y
ello mientras leía en un atril pasajes de la Biblia. Mozart sufría aquella
especie de baile de San Vito. Su cuñada Sophie Haibel nos dejó este
testimonio de 1790, por tanto un año antes de su muerte:
Nunca estaba quieto, chocando un talón con otro y siempre
reflexionando. En la mesa cogía a veces un extremo de la
servilleta, lo retorcía, lo pasaba y repasaba por su nariz y,
absorto en sus pensamientos, no parecía darse cuenta de ello
[…]. Sus pies y manos estaban siempre en movimiento, jugaba
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Preparado por Patricio Barros