Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 494
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
desarrollar el propio Shostakovich, contando este a su biógrafo Volkov como
el profesor «a menudo tocaba sin retirar su famoso cigarro de su mano
derecha. Lo sostenía entre sus dedos cuarto y quinto. Lo he visto yo mismo.
Y, aun así, conseguía tocar todas las notas, absolutamente todas, incluyendo
los pasajes más difíciles».
Satie era un tanto extravagante en las anotaciones de sus partituras,
persiguiendo con ello no imponer su sello de identidad a la pieza y evitar así
que se tocara siempre de la misma forma. Y vaya si lo conseguía. En la
primera
Gnossienne
figuran
indicaciones
un
tanto
socráticas
como
«pregunta», «con la punta de tu pensamiento» o «presúmelo tú mismo».
Curioso el encadenamiento de lagrimales que tenían dos monstruos de la
interpretación del siglo XIX como eran la soprano María Malibrán y el pianista
Sigismund Thalberg. Su encuentro fue apoteósico. Corría la noche del 29 de
marzo de 1836 con motivo de la boda de la Malibrán con el violinista belga
Charles de Bériot. Ella tenía veintiocho años y desconocía que le quedaban
seis meses para morir. Él rondaba los veinticuatro años y ya era una
celebridad en Europa. Él rogó que ella cantase y ella que él tocase. Ninguno
de los dos quiso acceder a la pretensión del uno por timidez ante la
genialidad del otro. Finalmente fue Thalberg quien rompió el hielo de aquella
inferioridad, pero cuando empezó a tocar la Malibrán se llevó las manos a la
cabeza y se echó a llorar presa de convulsiones, hasta el punto de que
hubieron de retirarla a una cama allí cercana. Cuando se repuso volvió, se
decidió a cantar y fue entonces el pianista quien empezó a berrear, debiendo
ella abrazarle y consolarle hasta abortar el último hipido. Tal escena fue
contada en sus recuerdos por el dramaturgo y poeta francés Ernest Legouvé,
allí presente. Esta excluyente compenetración me recuerda a la que sentían
personajes tan sumamente dispares como Toscanini y Charles Chaplin. El
músico decía del actor: «Es el único hombre que me hace llorar». El actor
decía del músico: «Es el único hombre que me hace sufrir». Casi podría
llamarse amor.
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Preparado por Patricio Barros