Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Página 479
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
En esos días escribía su ya esposa Giuseppina Streponi en su Diario: «Padece
una inflamación intestinal, y luego su locura, su no parar de un lado a otro,
su trabajo de estos días con la máquina de riego y su inquietud innata le
provocan trastornos estomacales». Todo un manitas era también Arnold
Schönberg, protagonista de pinitos de los que dejó constancia Alma Mahler
en sus memorias tras una visita a los Schönberg en su casa de Berlín: «Le
encantaba el bricolaje, él mismo se encuadernaba los libros y las partituras y
él mismo se había construido mamparas de madera para dividir habitaciones
grandes, cubriéndolas de arpillera». Lo cierto es que a Herr Schönberg le
encantaban los entresijos de la técnica, más si eran tan enrevesados como
su sistema dodecafónico. De hecho en 1909 inventó una máquina para
escribir música que hizo patentar. A Glenn Gould ya le valía con que se
hubiera inventado el telefono; en cuanto al resto de las patentes ya no iban
con él, sino contra él. Los últimos quince años de su vida los vivió como un
outsider, comunicándose con el mundo desde dos trincheras: los estudios de
grabación (a través del piano) y su casa, aquí mediante un segundo cordón
que dio sentido a su vida después de que le cortaran el umbilical: el del
teléfono. Sus horarios preferidos eran los nocturnos, pudiendo pasarse dos o
tres horas monologando o leyendo libros enteros mientras al otro lado el
interlocutor tenía posado el auricular y llevaba ya largo rato en la cama.
Mario Prizek, productor de la CBC, contaba cómo un día imborrable Gould le
estuvo cantando una ópera en un acto que además le era completamente
desconocida. De enero a septiembre de 1982, último año de vida, su factura
telefónica ascendió a casi trece mil dólares.
Ese jugador que (casi) todos llevaban dentro
Dada la carencia en los siglos XVIII, XIX y buena parte del XX de sofisticadas
emergencias para salir al paso del aburrimiento, a la humanidad no le quedó
más remedio que volcarse en los juegos de mesa a la espera de
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Preparado por Patricio Barros