Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 478

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron que giraba hacia el sol a medida que este se desplazaba. Cuando vio la luz el automóvil a vapor él mismo armó uno en su casa y lo empleó para moverse por la ciudad. A Dvorak le apasionaban los trenes, siendo una de sus mayores y más jubilosas diversiones visitar la estación de Francisco-José en Praga y entablar sesudas conversaciones con los maquinistas. Incluso enviaba a sus alumnos a la estación para saber qué tren estaba enganchado a una locomotora determinada; en definitiva, un mundo cuya mecánica y horarios se conocía con pelos y señales, si bien los pelos crecieron y las señales aumentaron cuando viajando en septiembre de 1892 (51 años) a Estados Unidos dio la vuelta a la esquina y se encontró con la madre del cordero: los navíos, que después visitó en el puerto siempre que pudo, conociendo con exactitud sus horarios de atraque, destino y lugares de origen. A Puccini también le atraían toda suerte de aparatos para mecanizar y mejorar su vida. Cuando abandonó Torre del Lago para irse muy, muy cerca, al palacete de Viareggio, hizo colocar caños de agua en las ramas de los árboles para producir así lluvia artificial. También Verdi se preocupaba por seguir de cerca los intríngulis hidráulicos con los que su villa de Sant’Agata crecía y se modernizaba de día en día. Allí mandó construir un motor de vapor para sacar agua del río e implantar un sistema de riego, para lo cual hubo de cavarse un pozo a siete metros de profundidad e instalarse una conducción subterránea de veinticinco metros. Carta de Verdi a su amigo el conde Arrivabene en tercera persona fechada en junio de 1867 (53 años): Este ilustre maestro está presente cada día en el fondo de la excavación para animar un poco a los trabajadores, estimularles y, sobre todo, darles instrucciones. ¡¡¡¿Darles instrucciones?!!! Pues sí, y este es el punto débil del Signor Maestro. Si le dices que Don Carlo no vale nada ni se inmuta, pero si le dices que no es un buen ayudante de albañil se lo toma muy mal. 478 Preparado por Patricio Barros