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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
Jacques Offenbach, un complejo compositor con rutinas de lo más simples.
Su peculiar fisonomía le hizo tributario de no pocas caricaturas. La de André
Gil, que data de 1874, es una de las más conocidas.
Una variante gastronómica conmovedora: ¡el café! Albert Einstein dijo que
dormía más horas que nadie porque luego estaba más despierto que nadie.
Si por algo se caracterizaban los compositores era por vivir esquivando a
Morfeo, así que para despejar sus parabrisas cerebrales y no dejar
pasteladas intestinales a la posteridad buscaron y hallaron la alternativa en
el café. A Paganini le ocurría lo que a Dios, que gusta de tener contados los
pelos de nuestras cabezas. Pero el músico lo hacía con los granos de café,
que se preparaba personalmente tras el almuerzo. Debían de sumar sesenta
y los escogía muy meticulosamente, rechazando los dañados. Tampoco
Beethoven podía pasar sin tomar sus cafés diarios. El músico y biógrafo del
compositor, Anton Schindler, quien además fue su amigo y secretario
personal, cuenta cómo «era muy ceremonioso en su elaboración, tan
cuidadoso como suelen serlo los orientales. Se permitía sesenta granos de
café por cada taza contando exactamente los granos, y más en especial
cuando tenía invitados». Schönberg era un maniático del café, del que podía
ingerir hasta tres litros diarios. En una de las visitas a casa de Thomas Mann
en Brentwood Park refería la hija de este cómo «hizo café con sus propias
manos, con nata montada en vasos altos, y me reveló el secreto de que la
nata tenía que estar abajo en el fondo del vaso para verterse el café caliente
por encima». Otro amante del café era Verdi, para quien constituía un rito su
preparación. Cuando en 1897 su esposa le encontró paralizado en la cama a
causa de una trombosis la inspiración le llegó para coger papel y escribir una
sola palabra: «Café», del que llegaba a beber unas dieciséis tazas diarias.
Por su parte Brahms mantuvo dos idilios a lo largo de su vida: uno irreal, con
Clara Schumann, y otro al que rindió sus cinco sentidos sin margen para el
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Preparado por Patricio Barros