Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Página 472
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
de agosto de 1860 a su amigo el director de orquesta Angelo Mariani: «Cazar
codornices es el pasatiempo diario, y pronto atraparemos docenas de ellas
con las redes y unas cuantas con las armas —¡si aprendo a disparar recto!—.
Sea como fuere, cada mañana volvemos a casa con ocho o diez piezas
grandes y pequeñas». En 1862 Verdi fue invitado a la Exposición Universal
de Londres, dado que había compuesto para la ocasión L’inno delle nazioni.
Antes de abandonar el país no dejó de comprarse algunos souvenirs, en
concreto una escopeta y un rifle de doble cañón.
Entre las cosas del querer y las cosas del comer
Si había un personaje digno de auténtica lástima en la mitología no era ni
mucho menos Prometeo con su hígado comido por las águilas, ni Ícaro en
caída libre con sus alas derretidas por el sol, ni Hefesto golpeando con su
martillo en el taller día y noche… ¡Qué va! Nada podía compararse al
retorcido mito de Tántalo, condenado a la hambruna eterna con los
alimentos y la bebida casi rozando siempre su boca. Beethoven no daba
excesiva importancia a la limitación de platos en un menú, pero sí a la
necesidad de que, por pocos que fueran, estuvieran bien cocinados; de lo
contrario ensayaba el tiro al plato o, directamente, la defenestración. Cuenta
Ferdinand Ries que estando con él lanzó uno lleno de comida al camarero en
un restaurante; Stumpff aseguró haberle visto derramar un plato de fideos
sobre la cabeza de su cocinera; Bohm presenció cómo probando el maestro
unos huevos que no estaban frescos se acercó a la ventana y los tiró sobre
los viandantes. A Franz Léhar le chiflaban los pasteles y las golosinas, hasta
el punto de haber compuesto una opereta para niños titulada Pedro y Pablo
en el País de las Delicias. Su éxito se disolvió tan pronto como un caramelo
en la boca de sus protagonistas. Si es que hay obras que ya llevan su fracaso
escrito en el título… Bizet sin embargo fue un triunfador toda su vida, y no
precisamente por evitar que alguno de sus títulos llevara el nombre
espolvoreado con azúcar. Comía dulces y pasteles a todas horas. Jacques
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Preparado por Patricio Barros