Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 463

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron Por consiguiente, nos arrastrábamos por las carreteras de Francia, en su minúsculo auto nuevo de cuatro asientos, a razón de treinta kilómetros por hora. Había calculado hasta la última partícula de nuestro tiempo a esa velocidad promedio y planeaba todas las paradas por anticipado. Adonde quiera que fuéramos teníamos que llegar a la hora X en punto y volver a partir de la misma manera». Cierta ocasión en la que Nabokov y Lina Prokófiev se retrasaron en una visita turística durante unos minutos más de la cuenta sobre la hora impuesta por Serguéi el mundo se hundió bajo sus pies: Fuimos corriendo al hotel a sabiendas de lo que ocurriría — escribió Nabokov—. En efecto, Prokófiev nos esperaba muy enfadado. Cuando estalló en cólera Lina Ivánovna rompió a llorar, cosa que le enfadó aún más. Gritó: «¿Qué maneras son esas? ¿Por quién me tomáis? Soy simplemente vuestro sirviente, estoy para cumplir vuestras órdenes, ¿verdad? Podéis coger la maleta e iros en tren». Ese Chaplin que todos llevamos dentro (unos más que otros) Los amos indiscutibles del escenario ya se sabe quiénes eran. Han acertado. Los intérpretes. Esos seres más prendidos de la tramoya que del arte cuando se trataba de dar no muchas notas, sino una sola; es decir, de dar la nota. Ya hemos visto que, a veces, Von Bülow entraba al escenario con guantes, sombrero y bufanda, si bien la pianista Natalie Janotha le superaba, ya que en sus contratos exigía subirse con su perro. La pianista alemana Sophie Menter, contemporánea de Liszt, no tenía perro, pero sí un vestuario rabioso que no dudaba en exhibir al público, ya que salía a escena plagada de joyas, incluyendo una tiara de oro y diamantes, dos collares de piedras preciosas y, agujereando todo el vestido, numerosos alfileres, prendedores, mariposas y brillantes. El portaequipajes incluía una copia de su testamento y una bolsita oculta bajo la falda donde llevaba las joyas que no le habían cabido en sus 463 Preparado por Patricio Barros