Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 461

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron amaba los regalos en luna llena la errabas por la menguante. Berg tenía la costumbre de regalar algo a Schönberg por Navidad, y en 1926 decidió encargarlo a su amigo Soma Morgenstern en una prolija carta llena de indicaciones, debiendo adjuntar agua de colonia y no colonia pura o perfume, pautándole la medida, circunscrita a una botella grande, dos medianas o de tres a cinco pequeñas, advirtiendo que bajo ningún concepto fueran de paja entrelazada y que en modo alguno fueran entregadas al músico más allá de la noche del 24 de diciembre, ya que «Schönberg es muy sensible a este respecto». La carta finalizaba con una recapitulación de puntos sobre el eau de cologne y aún quedaba ampliada con nuevos puntos. El propio Berg amaba la puntualidad hasta el extremo de llegar a sus citas bastante antes de la hora convenida. Contaba Theodor Adorno cómo la tendencia se convertía en morbosa cuando se trataba de coger un tren, acostumbrando a llegar a la estación varias horas antes. En una ocasión Berg le contó que llegó a perder uno a pesar de llevar tres horas esperándolo. Toscanini fundamentó su vida musical en dos divisas: orden y memoria. La segunda estaba a la vista de los demás. La primera… sólo a la vista del maestro. Prueba de ello es que llegaba a interrumpir los ensayos desde el foso para dirigirse al proscenio y pasar revista a los zapatos de los miembros del coro. Metódico y perfeccionista era el pianista Rudolf Serkin, al menos al principio de su carrera discográfica, ya que si en la grabación se atisbaba un error al final de un movimiento no aprovechaba los recursos técnicos del estudio para corregirlo. ¡Qué va! Insistía en volver a tocar no ese pasaje concreto, ni siquiera ese movimiento, ¡sino la pieza completa desde el principio! Shostakovich era de formalidad castrense en sus clases del conservatorio de San Petersburgo, donde accedió a una plaza docente a los treinta años. No sólo trataba de usted a todos los alumnos, sino que además les enviaba un telegrama a cada uno cuando algún imponderable le impedía acudir ese día a las clases. A Shostakovich no le agradaban en exceso las visitas cuando había de recibirlas, pero aquellas que él debía girar eran sacrosantas. Cuenta 461 Preparado por Patricio Barros