Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Seite 458

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron había ya reconocido esa disfunción de su personalidad en 1837, cuando el poeta y compositor Anton von Zuccalmaglio le había escrito para pedirle audiencia. Su respuesta siempre era una venda previa a la herida: «Me encantaría verle aquí, pero no sacaría mucho de mí. Casi no pronuncio una palabra. Más bien por la noche, quizá, y casi siempre al piano». Cuenta la soprano Mary Garden, que hizo de Melisande en el estreno de Peléas, cómo Debussy economizaba al máximo las palabras, recordando cómo en uno de los ensayos de esa ópera, muchos años después de su estreno, el maestro comunicaba a los cantantes sus indicaciones desde su butaca, escribiéndolas en una hoja que les hacía llegar a través de un muchacho. Su propia forma de hablar movía al desconcierto, ya que lo hacía a trompicones. Cuenta Stravinski que «los finales de sus frases a menudo eran inaudibles, lo cual era mejor, ya que sus frases contenían a veces algún golpe furtivo o trampas verbales». También Stravinski tuvo tiempo de diagnosticar el habla de Satie, asegurando que el volumen era bajo, muy bajo. Varios conocidos coinciden en que cuando lo hacía se tapaba la boca, seguramente en virtud de alguna clase de timidez. Madeleine Milhaud decía: «Si reía parecía avergonzarse de su risa; inmediatamente después exclamaba “oh, oh, oh, oh” y se tapaba la cara con la mano». Resulta raro que un tipo tan nervioso, excitable y excesivo como Prokófiev reventara el idioma para quedarse con un par de palabras. Pero así era. Contaba Shostakovich a su biógrafo Volkov cómo Serguéi tenía dos palabras favoritas: una era «divertido», que usaba para valorar positivamente todo lo que le rodeaba: la gente, los acontecimientos, la música… La segunda era «¿comprendido?». «Esta la utilizaba —explicaba Shostakovich— cuando quería saber si se estaba explicando con claridad […]. Cuando examinó la partitura de mi ópera Lady Macbeth dijo: “divertida”». Puede pensarse que un ególatra como Arnold Schönberg debía de ser por fuerza un maestro en el encadenamiento de discursos interminables. Nada más lejos de la realidad. Cuando Chaplin y él se conocieron en Beverly Hills el actor lo describió como 458 Preparado por Patricio Barros