Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 45

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron durante los once años de amistad fue que nunca se vieran la cara) su juicio acerca de todos y cada uno de los Cinco. A Piotr Illich no le costó contestar. Le movían la rabia y los rublos en que estaban tasadas sus cartas para la rica viuda de un industrial del acero. A Cui le consideraba un mero aficionado elaborador de una música sencillamente graciosa y falta de originalidad. De Borodin decía que, siendo su verdadera profesión la química, «su técnica es tan pobre que no puede componer un compás sin ayuda ajena». Hallaba a Músorgski el más capacitado de todos, pero tenía una tendencia natural a todo lo que fuese «basto, desaliñado y tosco». De hecho, en otro lugar vino a decir que sólo el diablo podría recomponer los renglones torcidos de Dios cuando decidió dotar a Músorgski de alguna aptitud artística: «Envío al diablo sinceramente la obra de Músorgski: es la parodia más baja y vil de la música». A Balakirev le llamaba «destructor de talentos». En otro lugar veremos como Chaikovski amplió su fijación a otros protagonistas y, disparando contra todos, convirtió la arena de la música no en un cementerio de muertos, sino en algo mucho peor: en un vertedero de fracasados. A La africana de Meyerbeer la calificó como «la más aburrida de las óperas», puntuación que no sé si era más o menos amable que la que destinó a la ópera Safo, de Gounod, para él «la peor de todas las óperas existentes». Al bueno de Händel lo consideró «un músico de cuarto orden, ya que ni siquiera es agradable». Juzgó el Concierto para piano nº 1 en Mi menor de Chopin como «insoportablemente largo, trivial y sin sentido». Richard Strauss también llevó su andanada, diciendo de él que jamás se habían unido tan asombrosa falta de talento y tanta pretenciosidad. Pero más fueron los que se montaron en el carro de combate contra Strauss: el ya citado Hindemith, Cesar Cui, Stravinski e incluso el siempre comedido Puccini. Para Cui aquella absurda cacofonía no sería música «ni siquiera en el siglo XXX», mientras que para Stravinski El Caballero de la rosa no era otra cosa que música pobre y barata, o sea, algo muy en la línea de lo que Gounod dijo del Ernani de Verdi, a la que llamó «música de organillero». Puccini se lamentaba de la 45 Preparado por Patricio Barros