Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 44
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
sentimiento y de vida», concluyendo que «su música es el producto de una
máquina», aunque sentían gran (y dudoso) respeto por sus preludios y
fugas. Tan sólo merecía su aprobación como obra en bloque la de un único
compositor: Schumann, cuyo carácter melódico adoraban. En cuanto a todo
lo demás era examinado como un caleidoscopio o, mejor, como un puzle tras
el barrido de un manotazo, y así estimaban de éste o aquél «ciertas frases
cortas pero llenas de carácter, ciertas introducciones, ciertas series de
acordes disonantes, ciertos calderones, ciertos finales bruscos, etc.». En
cuanto a Chopin lo llevaban en volandas a algún lugar donde mereciera
despeñarse para así romper con garantías todas y cada una de las barras de
sus compases. Sencillamente lo aborrecían por su inconsistencia; decían que
sus melodías eran «dulzonas y para uso exclusivo de las damas» y hasta se
permitían colocar obras completas en el lecho de Procusto para podar
severamente sus extremidades y quedarse con su tronco central, aunque sin
saber qué hacer con él. El axioma del que partir lo dejaba claro Balakirev,
comandante del Grupo, que comparaba a Chopin «con una mujer de gran
mundo que padece una enfermedad nerviosa». El joven Rimski tomó buena
nota para que la posteridad no pusiera en tela de juicio lo que en casa del
comandante se servía sin juicio y sin tela: «El principio de su marcha fúnebre
gustaba mucho, pero decían que la continuación no valía nada. Apreciaban
algunas de sus mazurcas, pero consideraban que el resto de su obra no era
más que una especie de rubia hermosa». Otros eximios espantajos fueron
pasto de esas teas que el famoso Grupo tenía siempre prendidas. Uno de
ellos fue el mismísimo Chaikovski, quien al concluir su Romeo y Julieta en
1869 la sacó al balcón y desde abajo el Grupo la acribilló despiadadamente a
censuras. Pero como para los músicos la venganza es un plato que se sirve
lleno de calderones Chaikovski supo esperar, en concreto al año 1878,
cuando su amiga y protectora multimillonaria Nadezhda von Meck le tiró de
la lengua invitándole a expresar por carta (otra forma no era posible, ya que
la única condición que impuso al compositor para sufragar todos sus gastos
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Preparado por Patricio Barros