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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
un grueso libro de botánica, por la que estaba entusiasmado… Cuando
encontraba una flor silvestre que conocía desde la infancia se alegraba
sinceramente como si encontrara a un antiguo amigo». Anton von Webern
era más que un iniciado en cuestiones de botánica. En una carta a su amigo
Alban Berg de 1 de agosto de 1919 (35 años) le hablaba de sus expediciones
alpinas: «[…] Amo la naturaleza al completo, pero sobre todo lo que se ve en
las montañas. Ante todo quiero adquirir el conocimiento puramente físico de
todos estos fenómenos; por eso llevo siempre mi diccionario botánico e
investigo los escritos que pueden instruirme sobre todo esto». A Verdi el
amor por el campo no le facilitaba ni mucho menos la concentración, hasta el
punto de que parecía dedicarse a componer con la excusa de buscar la
inspiración para zambullirse en sus tierras, tal era el entrañamiento que
hacia ellas sentía. Carta de Giuseppina Streponi: «Su amor por el campo se
ha vuelto manía, locura, rabia, furor y todo lo que usted quiera añadir. Se
levanta casi con el sol para ir a examinar el trigo, el maíz, las viñas, etc.
Vuelve muerto de cansancio, ¡y así no hay forma de hacerle coger una
pluma!». En su finca de Sant’Agata Verdi celebraba cada estreno operístico
plantando un árbol, así que uno puede escuchar algo de Rigoletto si acerca el
oído al plátano, algo de El trovador si se acerca al roble o un pasaje de La
traviata si lo hace con el pañuelo al sauce llorón. El pianista Claudio Arrau
estaba dispuesto a vender sus manos no al diablo, sino a la diosa Ceres, tal
era su amor por la agricultura y la horticultura. Su alumno Philip Lorenz
atestiguaba que su profesor dedicaba muchas horas a la jardinería en su
casa americana de Vermont, viéndole muy a menudo manipular tijeras y
hoces y regresando a casa con las manos llenas de ampollas y rasguños.
Clases particulares para tipos muy particulares
La forma de impartir clases de música era más que curiosa en algunos. A
Chopin o Tausig les causaba verdadera repulsa, pero el dinero mandaba y
sus necesidades obedecían, así que desataban la fiera que llevaban dentro y
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Preparado por Patricio Barros