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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
viñedos, llenó de peces un río y lagunas e importó ganado de raza. Nunca
vivió allí más de dos semanas, corriendo el verano de 1899 (28 años) y
recién casado con su segunda esposa; después se olvidó de todo ello para
buscar casa en Suiza, donde adquirió la legendaria villa de Riond-Bosson, en
la que vivió hasta el final de sus días, lo que no le impidió añadir por el
camino nuevos ejemplares para su colección, como un rancho en Paso
Robles (California), aprovechando una gira americana en enero de 1914. Es
conocido lo que dijo Richard Strauss de su ópera Salomé, que no sabía si la
posteridad la indultaría, pero que mientras tanto le había rendido los
suficientes beneficios para hacerse su casa de Garmisch, en cuyos planos
cupieron diecinueve habitaciones. Toscanini tenía cuarenta y siete años y ya
había pasado por la Scala de Milán y el Metropolitan de Nueva York. A su
regreso de Estados Unidos se instaló en Milán y, tras revisar el mercado
inmobiliario, optó por el top ten: un palacio del siglo XVIII ubicado en la vía
Durini, que después restauró por completo. Glenn Gould se subió por las
escasas paredes de su casa cuando en diciembre de 1959 (27 años) supo
que su colega americano Van Cliburn acababa de alquilar una pretenciosa
casa, lo que llevó a Gould a mover ficha y alquilar una mansión a veinticinco
kilómetros de Toronto. Constaba de veintiséis habitaciones, cuatro cuartos
de baño, piscina y cancha de tenis, en principio suficiente para él y su perro.
Cuando descargó todo el mobiliario y enseres de la mudanza le invadió el
pánico, dejó todo apilado a la puerta, montó en su Buick y no paró hasta
llegar a Toronto. Desde allí devolvió todas las compras y resolvió el contrato
de alquiler, con penalización incluida.
Entre fabas y lirios
La botánica también tuvo su lugar en el corazoncito de los músicos. Jascha
Heifetz sentía auténtica pasión por la jardinería, yéndole a la zaga Prokófiev,
quizá por ser el único campo donde era imposible enfadarse consigo mismo o
con el prójimo. Su primera esposa, Lina, dejaba testimonio de ello: «Tenía
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Preparado por Patricio Barros