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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
las que había logrado algo tan inofensivo como una dedicatoria personal.
«Me parece estar menos solo cuando por las mañanas, al abrir los ojos, me
encuentro con las afables fisonomías de estas angelicales amiguitas», se
excusó.
¡Y la mía más!
Sepan que me refiero a los tamaños. De las casas para ser más precisos. Por
alguna razón a los músicos se les enlazaba con un denominador común que
era cierta megalomanía inmobiliaria. La aspiración era vivir en casas grandes
porque se necesitaban correlativos directos con la grandeza de espíritu que
animaba a sus moradores o, directamente, con la superinflación de un ego
que no se rendía fácilmente a los zulos. Franz Léhar se pasó de planos
cuando en 1931 (61 años), sin saber ya en qué gastar la fortuna cosechada
con sus operetas, se compró un castillo en Nussdorf, cerca de Viena, el cual
había pertenecido a su vez a Schikaneder, el colaborador de Mozart. Rossini
sí sabía qué hacer con la fortuna amasada con sus óperas, dedicándola en
buena parte a saquear las tiendas de ultramarinos y, por supuesto, a cocinar
personalmente las viandas en una villa que se hizo construir en Pasay, a las
puertas del Boi du Bologne, tras la cesión graciosa del terreno por el
Ayuntamiento de París. En 1937 Gershwin se fue a vivir a Hollywood. Allí no
alquiló cualquier cosa, sino una mansión que le costaba la por entonces
prohibitiva cifra de ochocientos dólares mensuales. Moría aquel mismo año.
La obsesión por comprarse una o varias casas era una constante vital.
Cuando Anton Rubinstein finalizó su gira americana con una buena bolsa de
dólares no se fue directo a un banco, sino que «me apresuré a invertir en
bienes raíces». El mismo trance guió a Paderewski desde que se metió su
primer dólar en el bolsillo. Antes de su primera gira por Estados Unidos
adquirió su primer terreno en Polonia, vendiéndolo al año siguiente y
perdiendo buena parte de la inversión. Poco después adquirió una finca con
casa en Kasna, al sur del país, donde construyó invernaderos, plantó
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Preparado por Patricio Barros