Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Seite 441

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron la misma enfermedad infantil que Brahms, porque alcanzó los dieciocho años y seguía jugando con soldaditos de plomo, en los que se gastaba buena parte de su dinero, gustándole sobre todo representar la guerra entre Rusia y Turquía de 1877-1878. Pero Brahms superaba a Albéniz en el fondo y en la forma, ya que por encima de sus soldaditos se afanaba en buscar partituras originales, entre las cuales tenía la de la Sinfonía en Sol menor (la nº 40) de Mozart, además de la de Tannhäuser, regalo de Carl Tausig, que el propio Wagner le obligó a devolver cuando se enteró, si bien como premio de consuelo le envió una partitura autografiada de El oro del Rin. A Ravel le dio por llenar su casa de Monfort l’Amaury con todo tipo de originalidades, entre las que destacaba una coleccion de objetos mecánicos que funcionaban dándoles cuerda y constituían la principal diversión para las visitas. En cuanto a Vladimir Horowitz, puesto a coleccionar, se andaba con miniaturas, pero en modo alguno con chiquitas, ya que habiéndose comprado en 1945 un espacioso piso en la parte más selecta de Nueva York lo llenó de cajas rusas lacadas, pero también de cuadros de pintores cotizados, llegando a poseer lienzos de Degas, Manet, Matisse, Pissarro, Picasso o Modigliani. Grieg conservaba y salvaguardaba las numerosas condecoraciones recibidas en vida, colección que no fue producto de la vanidad, sino de la necesidad. Solía justificarlo con estas palabras: «Las condecoraciones quedan muy bien en los baúles; imponen respeto a los aduaneros». En una época de oscuridad y tenebrismo como la que le tocó vivir, Shostakovich escoró hacia la luz y se inclinó por la colección de candelabros, de los que llegó a tener un amplísimo número, disfrutando como un niño cuando en sus cumpleaños le encendían tantas velas como años. El coleccionismo de Arthur Rubinstein era coyuntural y rayaba el fetichismo. En una entrevista concedida hacia 1920 en el Hotel Palace de Madrid las cosas se pusieron muy cuesta arriba para el entrevistador, que apenas encontró sitio donde acomodarse al entrar en la habitación y toparse con mantones de Manila desplegados por todas partes y sobre la mesa una veintena de marcos con fotografías de bellas cantantes de 441 Preparado por Patricio Barros