Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Página 445
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
el alumno sentía al final que había acudido a una exhibición de fauna salvaje
donde el teclado se parecía más bien a una dentadura. Otros profesores, sin
embargo, no cogían un látigo, sino un pincel, y a la hora del autorretrato sólo
les salía una naturaleza muerta. El compositor Liadov ejerció de profesor en
el conservatorio de San Petersburgo, o al menos eso se intuía, dado que
apenas hablaba durante sus clases, lo que un día exasperó a un joven
Prokófiev que se lo echó en cara y después se calló al recibir de Liadov una
respuesta desconsolada: «Es usted quien debería darme clase a mí y no yo a
usted». Cuando se infringían las reglas académicas, Liadov tenía una forma
muy peculiar de enfadarse, ya que metía las manos en los bolsillos, se
balanceaba y en lugar de mandar al diablo al infractor le decía «¡váyase a
Richard Strauss o a Debussy!». Saint-Saëns también tenía una extraña
forma de mostrar su complacencia por las composiciones de sus alumnos, ya
que cuando le iban con una sinfonía pasaba directamente al movimiento
lento con esta excusa: «Quiero ver si
el
compositor es capaz de
desnudarse». El pianista Adolf von Henselt era un profesor harto original, ya
que recibía a sus alumnos vestido de blanco, tocado con un fez rojo y
empuñando un matamoscas para que los insectos no molestasen a sus
alumnos
durante
sus
interpretaciones.
Sus
clases
eran
la
mar
de
entretenidas. Sobre todo para él. Si el alumno era mediocre hacía pasar a
sus perros a la habitación y se ponía a jugar con ellos. Pero quizá no había
clase más divertida para aprender piano que la de Mozart. Atwood, uno de
sus alumnos favoritos, contó cómo a veces en lugar de impartirle su lección
le invitaba a jugar una partida de billar con él, ello cuando no le llevaba al
jardín para jugar a los bolos, explicándole entre tirada y tirada los secretos
de la composición. Quien no estaba precisamente para jugar era el violinista
Wieniawski, que daba las clases de instrumento a Arbós metido en la cama
con un camisón, según cuenta este en sus memorias, levantándose cuando
había que corregir algun pasaje desgraciado y volviendo a acostarse
después. Con César Franck uno no sabía a qué carta jugar. Así como para
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Preparado por Patricio Barros