Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | страница 438

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron La pasión por los coches unió más allá de la música a no pocos compositores, habiendo ya detallado algunos ejemplos en otros capítulos de este libro. Jascha Heifetz adoraba los pistones de los motores tanto como las clavijas de su Stradivarius. Primero adquirió dos vehículos, después rompió por la mitad su apellido y no paró hasta obtener dos originales patentes: logró que un coche se llamara Hei y el otro Fetz. Glenn Gould adoraba conducir, pero dos abiertos enemigos se lo ponían muy difícil: su abstracción mental y los agentes de tráfico. Así fue como sufrió algunos accidentes y numerosas sanciones administrativas. El 29 de enero de 1962 (29 años) escribía a su abogado Morris Gross: «Te adjunto las últimas citaciones. Tengo la impresión de que el gobierno de Su Majestad estaría cometiendo un grave error si me persiguiera por este motivo». Cuando era joven hizo una sencilla maniobra de forma tan desafortunada que terminó con el coche familiar en el lago Simcoe. Sus amigos llamaban al asiento del acompañante «el asiento del suicida», ya que el pianista se subía por las aceras y conducía habitualmente en dirección prohibida; por contra, era muy cuidadoso con las distancias de seguridad respecto del vehículo delantero, ello con el fin de no inhalar su dióxido a través del ventilador. En el verano de 1958 el titular de un periódico suministró una información muy útil a los viandantes de Toronto: «Gould queda libre tras su cuarto accidente». Tan sólo se había estrellado contra un camión, dando lugar a un procedimiento penal en el estado de Ontario que el juez archivó con un guiño musical hacia el pianista por haber escuchado sus interpretaciones de Bach en algunas ocasiones. En 1963 se le privó temporalmente del permiso de conducir y Gould mostró su perplejidad: «Supongo que sí, que podría decirse que soy un conductor distraído. Es verdad que me he saltado algún que otro semáforo en rojo, pero también es cierto que me he parado ante muchos otros en verde sin que nadie me haya alabado por ello». Encima con guasas. A Stravinski le apasionaban los coches. A finales de 1925 obtuvo el permiso de conducir y se convirtió de inmediato en socio del Automóvil Club de Niza-Costa Azul. Adquirió un 438 Preparado por Patricio Barros