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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
imposible al vecindario mientras Albéniz se afanaba en enseñar francés a
Arbós y Arbós algo de masculinidad a Albéniz, con lo que en pocos minutos
ya estaban enzarzados en la discusión rutinaria, renunciando por principios
Arbós a traducir los afectados dictados del autor de Iberia, uno de los cuales
empezaba: «Triste y melancólico estaba el que cascaba nueces». En
definitiva, cuando Arbós acumulaba demasiada mala sangre y necesitaba
aire puro no se iba al Boie du Boloigne, sino a ver a Pablo de Sarasate. La
inocencia que este irradiaba era un soplo de aire fresco para él, así que le
perseguía doquier girase conciertos. Durante una época ambos violinistas
ocuparon el Hotel Dieudonne en Londres. Así como Arbós coleccionaba
inocentadas
Sarasate
coleccionaba
bastones
para
defenderse
de
coleccionistas malévolos. Andaba últimamente hechizado con una reciente
adquisición regalo de su manager Goldschmidt, que tenía una P y una S
pulcramente grabadas, enseñándoselo a todas sus visitas no bien se
presentaba la ocasión. Todo fue bien hasta que Arbós decidió que no lo
fuera, en especial cuando se encontró uno igual en una tienda. Forjó de
inmediato en su mente las infinitas posibilidades que con aquella feliz
coincidencia se le abrían y lo compró sin reparar en el precio, una vez hecho
lo cual se ensañó cuanto pudo con aquella su víctima preferida, dándole
cambalache al bastón y volviendo loco a su dueño, quien en unas ocasiones
lo enseñaba con las elegantes iniciales y en otras, sin conciencia de ello,
mostraba el falso bastón expósito, hasta llegar el momento en que,
notablemente desquiciado, se limitaba a colocar el bastón ante las narices
del visitante y le espetaba: «¿Qué ve hoy usted ahí?». «Pues una P y una
S», respondía el interlocutor un poco amilanado. «¡Ja!», replicaba Sarasate
con una risa mordaz, volviéndose a un neutral Arbós, «dice que ve P. S. ¡Ja!
Pues dentro de cinco minutos no verá usted nada, porque yo llevo cuatro
días que tan pronto las veo como dejo de verlas».
No aventuro a saber qué tendría más valor hoy en día, si una batuta de
Berlioz o un dibujo de Picasso. Tampoco acierto a saber si Mendelssohn
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Preparado por Patricio Barros