Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 425

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron imposible al vecindario mientras Albéniz se afanaba en enseñar francés a Arbós y Arbós algo de masculinidad a Albéniz, con lo que en pocos minutos ya estaban enzarzados en la discusión rutinaria, renunciando por principios Arbós a traducir los afectados dictados del autor de Iberia, uno de los cuales empezaba: «Triste y melancólico estaba el que cascaba nueces». En definitiva, cuando Arbós acumulaba demasiada mala sangre y necesitaba aire puro no se iba al Boie du Boloigne, sino a ver a Pablo de Sarasate. La inocencia que este irradiaba era un soplo de aire fresco para él, así que le perseguía doquier girase conciertos. Durante una época ambos violinistas ocuparon el Hotel Dieudonne en Londres. Así como Arbós coleccionaba inocentadas Sarasate coleccionaba bastones para defenderse de coleccionistas malévolos. Andaba últimamente hechizado con una reciente adquisición regalo de su manager Goldschmidt, que tenía una P y una S pulcramente grabadas, enseñándoselo a todas sus visitas no bien se presentaba la ocasión. Todo fue bien hasta que Arbós decidió que no lo fuera, en especial cuando se encontró uno igual en una tienda. Forjó de inmediato en su mente las infinitas posibilidades que con aquella feliz coincidencia se le abrían y lo compró sin reparar en el precio, una vez hecho lo cual se ensañó cuanto pudo con aquella su víctima preferida, dándole cambalache al bastón y volviendo loco a su dueño, quien en unas ocasiones lo enseñaba con las elegantes iniciales y en otras, sin conciencia de ello, mostraba el falso bastón expósito, hasta llegar el momento en que, notablemente desquiciado, se limitaba a colocar el bastón ante las narices del visitante y le espetaba: «¿Qué ve hoy usted ahí?». «Pues una P y una S», respondía el interlocutor un poco amilanado. «¡Ja!», replicaba Sarasate con una risa mordaz, volviéndose a un neutral Arbós, «dice que ve P. S. ¡Ja! Pues dentro de cinco minutos no verá usted nada, porque yo llevo cuatro días que tan pronto las veo como dejo de verlas». No aventuro a saber qué tendría más valor hoy en día, si una batuta de Berlioz o un dibujo de Picasso. Tampoco acierto a saber si Mendelssohn 425 Preparado por Patricio Barros