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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
pero hablando de músicos la geolocalización está clara. Al gran tenor
wagneriano Lauritz Melchior le tiraba tanto lo de jugar a las cartas que en
más de una ocasión se le vio desplazarse imperceptiblemente en el escenario
hacia las candilejas cuando las grandes representaciones wagnerianas le
obligaban a permanecer de pie largo rato, seguramente para hacer timba
con los tramoyistas, que le esperaban en algún cuartucho. En aquella época
Melchior ya no tenía más mieles que saborear: todo lo había cantado, todo lo
había ganado y todo lo había visitado, así que de soltar la voz en los
escenarios pasó a practicar la siesta a pierna suelta, sin distinguir si se
trataba de un ensayo o de una función. En una representación de Tristán e
Isolda la cosa se le fue de las manos. Hacía el papel de Isolda la soprano
Kirsten Flagstad cuando, extática en pleno Liebestod, advirtió horrorizada no
que Tristán estaba muerto (algo previsible), sino que Melchior estaba
dormido, y roncando por añadidura, por lo que tuvo que darle un meneo
para devolverlo a la vida real.
Pero si el amor llevaba a hacer locuras, la admiración llevaba a perseguir el
delito… ¡para montarse en su grupa! La que Alban Berg sentía por Mahler no
se podía explicar con palabras, por eso llevaba con rigor la máxima de
Wittgenstein de que aquello sobre lo que no se puede hablar vale más
guardar silencio, así que ni susurró siquiera cuando tras el estreno vienés de
la Cuarta sinfonía se metió de incógnito en el camerino del director y robó su
batuta como trofeo.
Dúos muy dinámicos
Esto de las batutas ejercía al parecer un hechizo especial. Doce años después
de coincidir en la Villa Médicis, tras ganar sus correspondientes Prix du
Rome, volvieron a verse Berlioz y Mendelssohn y decidieron intercambiar sus
batutas como muestra de la recíproca admiración que se profesaban. Dado
que en la Villa estaba prohibido hacer el indio, a Berlioz le había quedado
una espinita clavada en el corazón, así que envió a su colega una batuta un
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Preparado por Patricio Barros