Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 420
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
amigo del Admira; para él se hizo una fotografía apoyado en el Ford y allá se
la envió, detallándole las bondades de aquel milagro, como era que podía
desencapotarse por completo, que contaba con dos asientos auxiliares
traseros muy cómodos y que tal era la capacidad del maletero para albergar
maletas que uno podría irse al fin del mundo dentro de él.
Defendiéndose a golpe de chelo
Saber reírse de uno mismo es hacerse un lifting de bemoles en el espíritu.
Mstislav Rostropovich sabía hacerlo y lo puso a prueba con la famosa teoría
de Berkeley: ser es ser percibido o percibir. Pero si llevamos esa teoría a una
estación de tren nada suele importar tanto como ser reconocido. Hacia 1969
Shostakovich contrató a un famoso cirujano de la ciudad de Kurgán, el
doctor Ilizárov, para que le tratase urgentemente de una crónica debilidad en
las piernas. Casi impedido para caminar, el compositor rogó a su buen amigo
Rostropovich que acudiera a la estación de tren a recibirle, así que este le
llamó por teléfono y le transmitió ciertas consignas para que lo reconociera al
instante: «Estaré esperándole al inicio del andén. Me reconocerá fácilmente
porque me parezco a un mono», especificó el violonchelista con audacia.
Aclaremos que la madre naturaleza otorgó a Rostropovich toda la apostura
allá donde terminaba la mano y empezaba el violonchelo, pero de ahí hacia
atrás, la justa. El caso es que, para desaliento del músico, sus indicaciones
fueron tan certeras que el médico fue directo hacia él no bien bajó los
peldaños. Cuando llegó a casa de Shostakovich al intérprete se le vio no
poco molesto mientras le contaba el suceso: «Va a ser que de verdad me
parezco a un mono. Al salir del vagón Ilizárov se dirigido a mí enseguida, y
eso que en el andén había bastantes personas esperando». Lo contaba en un
librito de memorias Galina, la hija del compositor.
Hágase niño, pero sin que se le note
A veces las chiquilladas las hacía uno en el lugar menos indicado. Si
habláramos de monaguillos la cosa podría estar entre el altar y la sacristía,
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Preparado por Patricio Barros