Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 41

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron ingredientes: todos los gustos individuales desaparecen. Es una orquesta- cóctel». Humillaciones muy particulares sufrían aquellos que entraron en el panorama musical no por la gran puerta de Kiev, ni siquiera por la puerta de atrás, sino… por el desagüe de las letrinas, sujetando entre los dientes partituras incomprensibles como dudoso salvoconducto de quien se presentaba como transgresor y sólo era recibido como impostor. Cuando Prokófiev estrenó su Concierto para piano nº 2 la crítica más amable dijo de él lo siguiente: «El concierto de Prokófiev es cacofonía que nada tiene que ver con el arte de la música. Sus cadenzas son insufribles. El concierto está lleno hasta rebosar de fango musical, producido, uno podría imaginar, por el derrame accidental de tinta sobre el papel de música». Cualquier otro compositor se hubiera desbarrancado ante tal empujón, pero no Prokófiev, que al igual que Einstein y con la vista puesta mucho más abajo del universo, también estaba seguro de dos infinitudes: la de la estupidez humana y la de su talento. Por ello picó a la puerta del director orquestal y pianista Alexander Siloti, con la intención de que incluyera en alguna representación su malhadado concierto, a lo que Siloti se negó aduciendo que semejante obra estaba más allá de sus posibilidades, no por su inseguridad en la tarima, qué va, sino porque «esa música apesta hasta los cielos». Richard Strauss se convirtió al final de su vida en un viejo desinhibido y fatalmente sincero. Se sabía una gloria viviente y la fusta empleada para azotar mediocridades se hallaba tan lozana como la de aquéllos que tiempo atrás habían azotado las espaldas de su Salomé y su Elektra. En una carta escrita a Alma, viuda ya de Mahler, arremetía contra el bluff Schönberg, aquel globo de helio llamado a desinflarse no bien entrase en contacto con esa suerte de troposfera que era el futuro: «El único que puede ya salvar al pobre Schönberg es un psiquiatra… Creo que debería dedicarse a retirar la nieve con una pala antes que a escribir música». Puede uno imaginarse cómo reaccionó el así diagnosticado cuando unos años después llegó esta carta a 41 Preparado por Patricio Barros