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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
sentando sus reales cuando Wagner se echó atrás en el último momento, no
por vergüenza, sino por piedad. Según cuenta en Main Leben: «Viniendo
detrás de nosotros, Bülow había presenciado el suceso; Cósima le explicó
muy natural lo que este hubiera significado, y por desgracia no pude suponer
que el humor de Hans estuviera a la altura del nuestro». Corría el año 1862,
Wagner frisaba los cincuenta, y uno de los tres estaba muy cerca de hacer
las maletas.
Supongo que cuando Berlioz y Mendelssohn se conocieron en Roma se
limitaron a darse la mano y quizá cruzaron a escondidas unos vasos de
absenta en las habitaciones de la Villa. Cuando hacia 1875 lo hicieron Saint-
Saëns y Chaikovski fueron mucho más allá, pues se reconocieron por sus
obras (las musicales) y se idolatraron por sus pasos (de baile). A ambos les
encantaba aquella disciplina, y además a Chaikovski aún le duraban abiertas
las alas con su Lago de los cisnes recién compuesto, así que decidieron
organizar una fiesta en la que se representó Galatea y Pigmalión, el ballet de
Rameau. El ruso encarnó el papel de Pigmalión y el francés el de Galatea,
aquella estatua convertida en mujer; en cuanto a Anton Rubinstein respiró
aliviado cuando lo pusieron a tocar el piano. ¡Qué sanos pasatiempos esos en
los que dos amigos se encontraban y se limitaban a buscar la vida en las
mujeres y no mujeres de la vida! A Arthur Rubinstein este segundo tipo de
búsquedas le fascinaban, y si era buena para él también lo debía ser para
sus amigos. El más permeable para dejarse embrujar era Stravinski, que
hacia 1920 andaba perdido en París, buscando por los suelos su autoestima.
En aquellos casos lo mejor que te podía pasar era encontrarte con
Rubinstein, lo que no era especialmente difícil, y ello porque te orientaba con
seguridad en la vida: o lo hacía hacia una cantina o hacia una casa de citas.
Imagínense qué le tocó al ruso. «Fue la primera vez que no participé,
limitándome a esperar. Luego de media hora Stravinski apareció con aire
triunfal y dijo con admiración: “Cette femme est géniale”», según reveló el
polaco en Mi larga vida.
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Preparado por Patricio Barros