Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 403
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
En cuanto a Mahler no sé si en 1883 había leído Las aventuras de Tom
Sawyer, publicadas sólo siete años antes, pero un día de aquel año trató de
emular al personaje de Mark Twain en pleno concierto de caridad para la
Cruz Roja por las víctimas de un terremoto y no llegó a las manos con el
pasapáginas, dado que ya las tenía ocupadas, sino a lo único libre que le
quedaba: los pies. Por entonces Mahler era un iracundo jovencito de
veintitrés años en una época en la que su pie derecho nunca sabía lo que
hacía el izquierdo y viceversa, así que al final sólo le quedaba seguir los
pasos de la mala educación. Cuenta un joven músico, Bruckmüller, cómo
tocando Mahler la parte de piano de la Sonata Kreutzer le estaba pasando las
hojas de la partitura sin la sincronía apetecida al impaciente compositor, que
deseaba ver vuelta la hoja antes de tiempo para saltar con anticipación al
compás siguiente. Desde la noche de los tiempos la indicación del pianista es
un seco golpe de cabeza. El problema es que cuando se pierde la cabeza hay
que optar, y rápido, por otra parte del cuerpo. Un buen puntapié fue la
indicación metronómica más adecuada que Gustav encontró.
Me hice el distraído una o dos veces —cuenta el agredido—,
pero después me adelanté yo a sus puntapiés. Aun así tocó
divinamente. Di vuelta a las páginas sin errores y el público no
advirtió el certamen de patadas que había tenido lugar debajo
de piano. Cuando nos pusimos de pie para recibir los aplausos
Mahler me gritó: ¡Schweinehund! («¡Hijoputa!»).
Supongo que esa misma expresión cariñosa se le pasó por la cabeza y hasta
por los labios a Hans von Bülow cuando Wagner cortejaba delante de sus
narices a su esposa Cósima Liszt, estando los tres en Francfort con motivo de
un concierto. El colmo de la humillación llegó cuando Wagner descubrió una
carretilla por allí arrumbada y se ofreció a transportar de aquella guisa a
Cósima hasta el hotel, encargando a Von Bülow que marchara detrás dando
a terceros las explicaciones que fueran oportunas. La dama ya estaba
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Preparado por Patricio Barros