Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 402

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron las grandes representaciones wagnerianas le obligaban a permanecer de pie largo rato, seguramente para hacer timba con los tramoyistas, que le esperaban en algún cuartucho. En aquella época Melchior ya no tenía más mieles que saborear, todo lo había cantado, todo lo había ganado y todo lo había visitado, así que de soltar la voz en los escenarios pasó a practicar la siesta a pierna suelta, sin distinguir si se trataba de un ensayo o de una función. En una representación de Tristán e Isolda la cosa se le fue de las manos. Hacía el papel de Isolda la soprano Kirsten Flagstad cuando, extática en pleno Liebestod, advirtió horrorizada no que Tristán estaba muerto (algo previsible), sino que Melchior estaba dormido, y roncando, por añadidura, por lo que tuvo que darle un meneo para devolverlo a la vida real. Quien sí tenía todos los sentidos puestos en lo que cantaba era el tenor Enrico Caruso, y así lo demostró en el escenario del Covent Garden, donde representaba por primera vez La bohème corriendo el año 1902, con veintinueve años y una fama universal que para entonces ya le había convertido en dueño de mucho dinero y de muy poca vergüenza. Era, como suele decirse, un enfant terrible. Y es que encargándose del rol de Mimí una de las divas de entonces, Nelly Melba, empezó Caruso a cantar la famosa aria del primer acto, Che gelida manina («Qué manita tan fría tienes»), cuando la Melba se la tendió y el tenor se sacó del bolsillo una salchicha precalentada, colocándosela en la palma para que el rigor de la temperatura fuera menor. Ella soltó un quejido y Caruso le susurró: «Pero, dama inglesa, ¿acaso no le agrada mi salchicha?». Verdaderamente romántico. En 1906 siguió demostrando que era bueno con las manos además de con la voz. Abstraído frente a la jaula de los monos en el zoo de Central Park se puso a su lado una mujer de aquellas que tanto habían satisfecho a Offenbach y Caruso no pudo por menos que pellizcarle el culo. En su universo tonal había una nota más sublime que el do de pecho y a Caruso no le costaba nada llegar a ella. El caso es que la mujer le denunció a la policía y el tenor fue apresado y multado con diez dólares. 402 Preparado por Patricio Barros