Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 364

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron Fritz Reiner era bastante más comedido al respecto. Su amor por los gestos minimalistas le convertía a priori en un tipo fiable, así que el percusionista de su orquesta, situado como bien se sabe al fondo de la formación, no advirtió peligro alguno en llevar prismáticos a los ensayos para no perder detalle de sus movimientos y sus entradas. Hasta que un día Reiner sacó de un cartapacio un diminuto papelito al finalizar un ensayo y se lo enseñó en la distancia. El timbalista giró la ruedecita del aparato para afinar la lente y leyó lo siguiente: «Está usted despedido». Todo un ejemplo de coordinación entre empresario y trabajador. Liszt adoptó la costumbre de meter dos pianos en el escenario para sus recitales, pero por muy distintas razones técnicas a las de Anton Rubinstein, ya que si en el caso de este era para permitir la reparación de las cuerdas rotas, en el de Liszt era para permitir que el aforo completo del teatro gozase del espectáculo de sus manos moviéndose a velocísimas ráfagas sobre el teclado. Corría un 11 de abril de 1842 cuando tres mil espectadores presenciaron anonadados aquella novedad circense en la Sala de la Nobleza del Conservatorio de San Petersburgo. Así lo contaba el crítico Vladimir Stasov: «Cuando concluyó la obertura y mientras el público aún continuaba aplaudiendo se dirigió rápidamente hacia el segundo piano, que miraba en dirección opuesta. A lo largo del concierto empleó los dos pianos de forma alternativa, poniéndose así de frente a una mitad de la sala y luego a la otra». Al pianista y compositor Ignaz Moscheles, contemporáneo de Chopin, le privaba mezclarse con los grandes nombres, aunque sólo fuera en su enferma imaginación, y de ello dejaba testimonio uno de sus alumnos más brillantes que supongo años después recordaría con sonrojo y tristeza las palabras de su maestro: «Me contaron en el conservatorio [de Leipzig] —no hice el experimento personalmente— que [Moscheles] daba a sus alumnos el siguiente consejo: “Toquen mucho las obras de los viejos maestros: Mozart, Beethoven, Haydn… ¡y yo!”. No garantizo la anécdota, pero sé que siguiendo 364 Preparado por Patricio Barros