Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 363
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
dólares. «Entonces soy yo quien debería tomar clases de usted», le
respondió Stravinski sin necesidad de echar muchas cuentas. El resultado fue
que a George le dejaron compuesto y sin profesor, solicitando tantas veces
como era a su vez solicitado y practicando hasta el fin de sus días una
humildad sin atisbo de pose, una humildad real dotada de un trampolín que
el músico usaba para acceder a niveles de formación cada vez más altos.
Debió de ser en 1928, contando Gershwin treinta años, cuando recibió en su
apartamento la primera grabación de Un americano en París. Puso el disco
en el fonógrafo, se concentró y a la mitad lo detuvo abruptamente con un
lamento, sin poder seguir escuchando: «Tengo tanto que aprender aún».
Transcurría otro día cuando un conocido suyo (y su futuro biógrafo), David
Ewen, le giró visita con los lieder de Schubert bajo el brazo. George se los
quitó con ansiedad, los hojeó y, abarcando con el brazo en un barrido todo
cuanto había en su apartamento, manifestó: «Daría todo lo que poseo a
cambio de tener el genio suficiente para escribir una sola canción de estas».
En 1893 Giuseppe Verdi tenía ya sus ochenta años y toda la obra encarrilada
hacia la eternidad, así que sólo aspiraba a una cosa: a que le dejaran en paz.
Lo que ocurre es que aquel genio, como todos, terminó siendo esclavo de su
gloria, aunque no llegando a comer de su mano, ni mucho menos. Aquel año,
el año del estreno de Falstaff, supo Verdi que iba a ser nombrado marqués
de Busetto, iniciativa que le causó pavor y que impidió tras obtener una
audiencia con el ministro de Educación italiano. Cuando llegó 1900, meses
antes de su muerte a los ochenta y siete años, el Estado se empeñó en
seguir
molestándole,
esta
vez
con
otra
condecoración,
el
Collare
dell’Annunziata, la más alta distinción que por entonces podía conceder el
rey. La rechazó, por supuesto. A perro viejo todo eran pulgas… y collares.
No traten de imitarme, por favor
Desconozco si Mahler se valía de firmas ampulosas para rematar las cartas
de despido a los filarmónicos de Viena, pero estoy seguro de que el director
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Preparado por Patricio Barros