Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 336
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
veneno que en forma de sordera se derramaba rápidamente por sus
conductos auditivos hizo que Beethoven escribiera a su amigo y biógrafo, el
médico Franz Wegeler: «Debería sentirme feliz, quizá uno de los mortales
más felices, y así sería si ese mal perverso no se hubiese instalado en mis
oídos. Si no hubiese leído por ahí que un hombre no debe quitarse
voluntariamente la vida mientras aún pueda realizar una buena acción habría
abandonado hace mucho esta tierra, y, lo que es más, por la propia mano».
Esta descortés forma de decir adiós no se trató de una ocurrencia pasajera,
sino de una constante que tanto más cuajó cuanto mayor fue la indefensión
que sintió el músico ante un mundo paulatinamente cerrado a sus sentidos,
empezando por el del oído. En la primavera de 1802, con treinta y dos años
y consumido por el mal de oído, Beethoven se instaló en el pueblo de
Heiligenstadt, desde donde en uno de los raptos más emotivos que jalonan la
historia del arte escribió su famosa carta (testamento) a sus hermanos, en la
que, entre otras muchas cosas, les revela cuál es la mejor atadura para
seguir enredados a la vida: «Recomendad a vuestros hijos la virtud: es lo
único que puede daros la felicidad; ella y no los bienes materiales. Hablo así
por experiencia propia. La virtud es lo que me ha consolado de mis
desdichas. Gracias a ella y a mi arte no ha terminado mi vida con el
suicidio».
La
experiencia
propia
de
Berlioz
hacia
1833
era
ajena:
concretamente la de Harriet Smithson. Tras mucha insistencia por parte del
músico había logrado una presentación formal en diciembre de 1832, cuando
él ya era un compositor consagrado y ella una actriz maravillosa, sobre todo
entre bastidores. Como pasaran las semanas y Berlioz viera a la Smithson
escasamente participativa en la visión que él tenía de los siguientes
cincuenta años de vida en común la animó con un golpe de gracia que así
describe a su amigo Ferrand en carta de 30 de agosto de 1833:
Olvida lo que te dije respecto a mi separación de la pobre
Henriette, ya que no ha tenido lugar. Ella no lo quiso; desde
entonces las escenas se han hecho cada vez más violentas.
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Preparado por Patricio Barros