Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Seite 335

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron frío se le hizo insoportable y estuvo seguro de que una pulmonía haría el resto del trabajo. La historia terminó con el compositor viajando unos días después de Moscú a San Petersburgo para desahogarse con su hermano Anatoli, quien a su vez viajó de inmediato a Moscú para pasar la patata caliente a Nikolai Rubinstein, quien no reparó en visitar a Antonina para explicarle la cruel situación e instarle a consentir un divorcio rápido y no traumático. En definitiva, era admitido por todos que en la cabeza de Antonina había muy poca materia gris, así que fue aquel horror vacui el que motivó la espantada de Chaikovski para regresar a aquel otro horror vacui que era la conciencia diezmada de su homosexualidad, donde al menos el terreno era conocido y las obligaciones a satisfacer inexistentes. Quien tenía mucho más en la cabeza, y a punto estuvo por ello de perder la suya su esposo, fue Cósima Liszt, a la sazón cónyuge de Von Bülow. Cuando a este le pareció más que evidente que entre ella y Wagner empezaba a haber algo más que una diferencia de veinte centímetros de altura escribió a su amigo el fabricante de pianos Carl Bechstein: «¡Oh Dios! ¡Cuán solo me siento! Si todo acabase… Sería mejor que un alma caritativa me proporcionase una dosis mortal de ácido prúsico. ¿No existe en todo Berlín un boticario comprensivo? Le donaría mi biblioteca y todo cuanto poseo». El caso de Piotr Illich Chaikovski con su esposa era de manual. De manual de maniobras militares. Uno siente deseos de quitarse la vida como forma de neutralizar la insoportable presión del vacío de la amada, pero no cuando uno se casa con ella, salvo que sea la equivocada y ello se perciba «con el tiempo ya cumplido». Ese vacío fue un buen arriero para animales dolientes como Berlioz o Beethoven, quienes en un momento ruinoso de sus vidas conocieron la calle de la amargura y comprobaron que quien la inauguraba tijera en mano siempre era una mujer. Beethoven tuvo un buen número de amantes, pero en 1811 experimentó cómo una en especial removía sus cimientos: Teresa Malfatti. La escasa disposición de esta por el músico y el 335 Preparado por Patricio Barros