Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Página 323
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
terminado en un rechazo calmado y silencioso si algunos
pequeños grupos no hubieran intentado, mediante aplausos y
gritos,
pidiendo
la
presencia
del
autor,
transformar
el
incontrovertible fracaso de la ópera en un éxito. Durante varios
minutos
resonaron
gritos
de
«¡Vergüenza!
¡Vulgaridad!
¡Escándalo!». Los aplausos quedaron prácticamente ahogados.
La barahúnda volvió a crecer cuando, a pesar del éxodo, el
señor Bartók salió al escenario.
Esa misma barahúnda hubo de soportar Edward Elgar cuando estrenó en
Proms, en 1901, las dos primeras marchas de Pompa y circunstancia, pero
ya hubieran querido muchos otros para sí la génesis de aquel alboroto,
porque lo que el público estaba demostrando en aquel momento, maniatado
por la emoción, era su aceptación incondicional de lo que escuchaban. Así lo
cuenta Elgar en su Autobiografía: «La gente sencillamente se puso de pie y
aulló. Tuve que ejecutarla nuevamente, con el mismo resultado; en realidad
se negaron a permitirme que continuase el programa. Sólo para restablecer
el orden ejecuté por tercera vez la pieza. No mucho más tarde el rey
Eduardo VII sugirió que se pusiese letra a la melodía, y así se hizo, con el
título de El país de la esperanza y la gloria».
Estrenos para perder toda la fe…
Había otra secuencia de estrenos en los que no se buscaba la odisea de
propósito, sino que esta venía sola, y generalmente por situaciones gafadas,
actos fallidos o despropósitos en los que el papel pautado sólo servía para
envolver la inmundicia. Aquello, y no oro, era lo que flotaba en el Rin cuando
se estrenó el Teatro de Bayreuth el 13 de agosto de 1876. Buena parte de la
culpa la tuvieron los tramoyistas; uno de ellos levantó el telón demasiado
pronto y dejó al descubierto una escena de asueto en la que el resto de los
operarios, en mangas de camisa, estaban haciendo peonadas por el
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Preparado por Patricio Barros