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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
Programas en la mano y dinamita bajo las butacas
Pero los primeros espadas de la música buscaron deliberadamente la
controversia: Mahler, Debussy, Schönberg, Berg, Shostakovich… El coste
emocional de un estreno fracasado resultaba largamente recompensado con
la crítica destructiva, cuya función en el fondo era la de llamar la atención
acerca de un fenómeno emergente, una música abruptamente desarraigada
de la matriz de la tradición con sus apéndices y extremidades diseñados y
preparados para marcar hitos de evolución. Un estreno siempre suponía la
noticia de un nacimiento, y desde el momento en que la criatura era expelida
al mundo ya daba que hablar, las esporas de la contrición estaban dispersas
y ya era posible la multiplicación descontrolada de su eficacia.
El estreno de El caballero de la Rosa en Italia supuso un escándalo en toda
regla. Fue un 1 de marzo de 1911, en la Scala de Milán. La cosa ya
empezaba con un recelo enfermizo, por cuanto al público italiano la temática
le levantaba ampollas en la memoria histórica acerca de la pasada
dominación austriaca y la anexión austrohúngara de Bosnia en octubre de
1908, así que, sonara lo que sonara, aquello era la crónica de una batalla
anunciada. En el primer acto el público estuvo contenido, relajado en las
formas; incluso Strauss salió a saludar tres veces a su conclusión. Pero el
estallido se produjo en el segundo acto, cuando el barón Ochs reconoció a
ritmo de vals que para él ninguna noche resultaba excesivamente larga en
compañía de una preciosa joven. En aquel momento los espectadores de las
tribunas altas se tomaron el vals como un agravio intolerable y arrojaron
sobre el patio de butacas multitud de octavillas entre silbidos y voces.
Strauss corrió aterrorizado al escenario, ya que el tercer acto estaba plagado
de minas, o sea, de valses. Después vino lo que canta la falsa criada
Mariandel en su coqueteo con el barón Ochs: «Hermosa música», dijo. Esta
inocua apreciación fue interpretada por alguien de la galería como un desafío
y sin dudarlo aportó su réplica: «¿Hermosa música? ¡Estúpida más bien!».
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Preparado por Patricio Barros