Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Seite 305
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
concierto de 31 de marzo de 1913, así que reunir a tan dudosos prebostes
en satanísima trinidad rebasaba la ofensa para caer directamente en la
provocación. Entre las obras que se tocaban estaban el Pelleas y la Sinfonía
de cámara de Schönberg, los Kinderntotenlieder de Mahler, unos lieder de
Alexandr von Zemlinsky y obras de Berg y Webern. Como escenario de la
catástrofe se eligió el Musikverein de Viena. Un periódico de la ciudad dio fe
de lo que allí aconteció, calificándolo como uno de los mayores escándalos
musicales de la historia. Se habló en concreto de «degeneración en escenas
incalificablemente escandalosas» cuando, una vez interpretada la obra de
Webern, sus partidarios y detractores se enzarzaron en una pelea de varios
minutos, eso sí, precedida de «un huracán de carcajadas» acalladas por los
aplausos de los fieles seguidores. La tensión se rebajó y todo aparentó
normalidad cuando se interpretaron «cuatro hermosos lieder para orquesta»
de Von Zemlinsky, pero después le tocó el turno a la Sinfonía de cámara de
Schönberg y arreciaron los silbidos y los ruidos de llaveros y silbatos, todo
ello «en medio de un griterío espantoso». Tras ello hubieron de pasar por el
horno crematorio dos lieder para orquesta de Berg, el primero de los cuales
pareció discurrir sin ser notado, pero sólo hasta que Schönberg, harto de los
rumores, empezó a golpear el atril con la batuta desafiando a voces a los
espectadores para que abandonaran la sala si aquello no era de su agrado, lo
que sólo sirvió para levantar chillidos e insultos, y, en una parte del público,
un tumulto de bofetadas. Webern decidió tomar partido y empeoró las cosas
cuando se levantó en su palco y empezó a llamar a todos «chusma», insulto
que fue respondido con el deseo de que todos los tipos como él fueran
encerrados urgentemente en el Steinhof (manicomio estatal de Viena).
Pronto aquello se convirtió en una coral de pataleos y aullidos, e incluso hubo
quien intentó escalar hasta el palco de Webern para lincharle. Quien
entonces tomó partido fue la dirección del Musikverein, accediendo al
escenario el presidente del Akademischer Verband para rogar que se
atacasen ya los Kinderntotenlieder, pero no fue escuchado, quizá porque los
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Preparado por Patricio Barros