Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 304

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron de Schönberg; otra tercera parte no silbó porque se estaba riendo, y la tercera parte restante parecía demasiado desconcertada para reír o silbar. En definitiva, lo mejor que les podía pasar a las Cinco piezas era que su autor recuperara la cordura y las podara hasta dejarlas en una o dos para así hacer más tolerable el sufrimiento, pero, lejos de ello, Schönberg las mantuvo y hasta vio cómo pasados los años se representaban manteniendo la misma línea de dinamismo visceral, lo que no era fácil. Cuando en abril de 1921 se representaron en Pasledoup (Francia) el autor recibió una carta de la soprano Marya Freund donde contaba que el jaleo había alcanzado tal grado que había dificultado la audición de la música, y que incluso al final de la cuarta pieza algunos espectadores habían comenzado a pegarse. Su ciclo de canciones Pierrot lunaire también se creyó nacido en la calidez de un vertedero. Cuando el 16 de octubre de 1912 se estrenó en Berlín, el público se limitó a reír, burlarse y poco más pero, cuando la obra saltó a Praga en febrero de 1913, la espiral de desaprobación se agigantó. Los detractores empezaron aplacando las ganas de pelear, pero poco a poco se fue imponiendo la coherencia y al final del segundo poema algunos espectadores aprovecharon las palabras wischt und wischt (‘lava y lava’) para empezar a sisear descaradamente, momento en el que Schönberg golpeó el atril con la batuta y detuvo la obra, pero sólo para repetir toda la canción. A su término se desató un bronco estallido de toses insultantes que duró en torno a unos diez minutos, tiempo que el autor agotó con paciencia para reanudar la obra cuando la última tos (y no él, como todos esperaban) se derrumbó. Justo antes de concluir el último poema alguien grito aliviado «¡se acabó!», momento en el que estallaron silbidos y agitación de llaveros donde se enzarzaban confusos ¡fuera! y ¡bravo! Pero la peor singladura que Schönberg hubo de atravesar la hizo en compañía de Berg y Webern, con quienes compartió cartel en el histórico 304 Preparado por Patricio Barros