Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 303

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron Incluso una obra de aceptable signo tardorromántico como La noche transfigurada (¡opus 4!) desató la saña del público cuando se estrenó un 18 de marzo de 1902. Si aquel joven era capaz de componer aquello a los veintisiete años, los nuevos derroteros de la música dependerían de la magnanimidad de la Providencia en la corta vida que aún pudiera asignar al rapaz. Pero la Providencia no sólo concedió larga vida a Schönberg, sino también una sofisticada arma creadora con una mira telescópica que alcanzaba retrospectivamente los últimos doscientos años. Aquel 18 de marzo medio centenar de compositores se revolvieron en sus tumbas, y volvieron a hacerlo el 15 de febrero de 1907, cuando aquel joven de treinta y dos años presentó en público su Cuarteto de cuerdas nº 1, Op. 7. No bien escucharon los primeros compases, los espectadores lo tomaron por una sana broma y se echaron a reír, hasta que uno de los críticos musicales allí presentes advirtió que todos los atropellos iban siempre en serio y pidió a gritos que cesase de inmediato aquella horrible música, tras lo cual «se armó un escándalo y tal griterío como no he oído otro igual», refirió Alma Mahler en sus Recuerdos, añadiendo que cuando su esposo salió en defensa de Schönberg (tal como ya lo hiciera cinco años atrás con el estreno de La noche transfigurada) a punto estuvo de ser agredido por el crítico objetor. En cierta forma, cuando llegó el 3 de septiembre de 1912, Schönberg ya formaba parte del producto interior bruto austriaco, así que la nación claudicó en su intolerancia, pero fuera del país aquel trasgresor no tenía nada de producto ni de interior. Cuando en aquella fecha se estrenaron en Londres las Cinco piezas para orquesta el público se lo tomó como un heterogéneo embutido hecho de la peor tripa austriaca. Esta fue la crítica del diario Nation: No es frecuente que el público inglés silbe cuando no le gusta una música; sin embargo, una buena tercera parte de los asistentes se permitió este lujo tras escuchar las Cinco piezas 303 Preparado por Patricio Barros