Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Página 302

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron opus, pero la suficiente carga de profundidad como para suscitar el común deseo de que aquel compositor no llegara a contar sus obras completas con los dedos de la otra mano. Véase la entrada del Diario de Alma Mahler el 26 de enero de 1905, tras el estreno, cuando tenía el compositor treinta años: «[Schönberg] es un tío confuso, pero de lo más interesante. La gente se iba en masa, dando portazos, en mitad del concierto. Hubo muchos silbidos, pero su talento nos convenció a los dos». A Gustav y a ella, se entiende. Los que se ausentaron supongo que se arrepintieron al leer las columnas del día siguiente, porque los que se quedaron se divirtieron a lo grande, tal como había ocurrido en el ensayo general unos días atrás. El primer acto había discurrido sin mayores incidencias, pero en el segundo llegó el jolgorio como una aportación inevitable. La mecha la encendió Melisande cuando en un momento de especial tensión murmuró: «¡Qué desgraciada soy!». Al parecer el público no la creyó porque se echó a reír con la ocurrencia. Las cosas no fueron mejor cuando otro de los personajes, Yniold, llamó a Golaud algo aparentemente inofensivo: «Papaíto». Las risas volvieron a arreciar, y el colmo fue cuando poco después Golaud, celoso, obligó a un niño a espiar a los amantes, aupándose hasta la ventana mientras el otro le preguntaba a sus espaldas: «¿Se acercan a la cama?». Cuando el niño respondió algo tan digno de credulidad como: «No veo la cama», toda la sala estalló en carcajadas. El propio Schönberg valoraba retrospectivamente en 1949 aquella aciaga jornada: El estreno, realizado en Viena en 1905, bajo mi dirección, provocó grandes trifulcas entre el público y hasta en los críticos. Los comentarios fueron desusadamente violentos e incluso uno de los críticos sugirió la idea de que se me internara en un manicomio y que no se dejara a mi alcance papel pautado. Pero seis años después, bajo la dirección de Oscar Fried, se convirtió en un gran éxito y desde entonces no ha provocado la ira de la audiencia. 302 Preparado por Patricio Barros